sábado, 11 de marzo de 2017

EL SENTIDO DE SER UN HOMBRE COMÚN


Si despierto cada mañana sin encontrar diferente camino,
el motivo para avanzar con la misma razón de ayer,
yace inmóvil el cielo sobre mi cabeza,
contando iguales los días que se desperdician,
una y otra vez con esta frialdad entre las venas,
entera falsedad,
manojo de erradas decisiones, mi realidad,
porque prefiero una vida llena de poesía,
y si mis bolsillos lucen gastados, vacíos,
como las aspiraciones del hombre común,
pero mi interés no radica donde todos colocan su mirada,
¿Por qué he de considerarme su igual?

Es mi vida una conspiración literaria,
cientos de versos dorados que brillan en la mirada del amor,
una vida suprema,
completa y dicha maravilla,
es mi vida un poema enloquecido que ríe y llora,
no sucumbe a la tormenta,
a la arena del tiempo,
es fe en el Ser Superior,
es mi propia emancipación.

Acatando las señales,
los movimientos y diversiones,
he de permanecer tal como el hombre común proyecta su sombra,
viviendo al parejo del éxito que significan poco para mi,
olvidando toda respuesta que nada menciona,
siendo el reflejo de un enfermo terminal,
el hombre común se dice auténtico y feliz.

No, no aceptaré fallecer cada día,
en tanto la avaricia sea verde,
tan parecido su destello al de la naturaleza,
es el negro color de los muertos que sueñan,
arropo mi esperanza con ese matiz,
cada noche, es una oportunidad por escapar,
liberar mi propia felicidad,
mis dedos manchados con tinta,
la pluma sostenida con eterna levedad,
una voz silenciosa,
sin otro sonido que no semeje la repetición del ayer,
la misma voz que grita en mi cabeza.

Contándome la vida en planicies que son lejanas,
personas que hablan y no son endebles fantasías,
actúan y tampoco se dicen comunes,
intentando cubrir la oscuridad con sus palabras,
el hombre común luce tan hueco,
transparente ante la luz del relámpago,
falto de tiempo para manifestar su real ser,
el hombre común nunca sabrá lo que el arte remunera en el alma,
persigue la zanahoria al amanecer,
tan sólo quiero librarme de esta maldición,
ser y vivir por el encanto,
ser y vivir en versos para siempre.

La vida no es una broma,
es el intento definitivo por comprender la lengua del absoluto,
midiendo las perdidas,
todo lo que fuera quemado,
todo lo que se menciona como desventura,
en tanto que el trabajo fuese alguna vez hermoso,
por hoy, el hombre común se dedica a morir y morir,
en defensa de su diminuto corazón.

La vida se a vuelto una ilegible distracción,
repitiéndose hasta el olvido,
acarreando deseos que se destruyen a sí mismos,
se transforma el hombre común en marioneta de la bajeza,
del destino que se burla,
en testimonio de la felicidad rasgada,
quiero ser libre para sobrevivir a toda la locura,
quiero vivir fuera de este mundo,
quiero vivir para las palabras bellas,
quiero vivir para contar historias que suceden sólo de noche,
quiero vivir.

Si he de marcharme postrado ante la responsabilidad de la desgracia,
vuelto hacia los harapos de seda e hilo cáñamo del hombre común,
por completo transformado,
por completo sonriendo en martirio,
sobreviviendo a la neurosis,
importándome las monedas más que las flores,
sobreviviendo un día a otro colocado en torre demolida,
será entonces todo el sentido que se le pueda conceder a la vida
a esta vida,
una solamente,
una y preciosa que se cuente por millones de estrellas pegadas en el firmamento,
quemándose
quemándose.


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