Sabes por qué estás aquí,
los pecados que omitiste,
las verdades que compraste,
una promesa es sagrada,
una bomba plantada,
los días que siempre faltaste.
Eres quien se transforma,
de ejemplar a deshonra,
una gota en tu lengua
y este mundo arde
hasta la ceniza.
¿Dónde estabas?
Los años cuando te necesité,
temiendo lo que trajese el futuro,
procurando evitar fiebres,
dolores en las piernas y brazos,
por qué del silencio,
el frío de tu ausencia,
a quién vendiste por treinta monedas.
Durmiendo el día,
ignorando el peligro de noche,
hoy todo promete empeorar,
así avanza el tiempo,
no pide perdón,
y tampoco tú.
Sabes cuánto fallaste,
de días, de carne y sangre,
por qué nunca llegaste,
teniendo tan cerca la puerta,
una promesa es sagrada,
una bomba plantada,
nunca te esforzaste
por ser mejor mañana.
Ilustración: "Mujer leyendo a la luz de la vela" por Peter Vilhelm Ilsted



















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