sábado, 30 de mayo de 2026

50 DÍAS

 

Hipnotizado en un toque,
todos recuerdos se vuelven 
un tornado, ¡qué sensación!
chasquea los dedos,
sólo tú puedes
darme libertad.

Cincuenta días para los dos, 
ambas caras en el espejo,
mirándote a los ojos,
no hay defensa,
así acaba la inocencia,
sin voz ni sueños,
reinando en el fondo
del abismo.

Todo lo que sé fue quemado,
y dejada sobre mis párpados,
ceniza de ropa, de mi hogar,
hoja tras hoja con mis palabras,
pero aún tengo esperanza,
hipnotizado por tus labios,
al dolor en cada brazo,
el cielo abre al alba,
y sólo me quedas tú.

Haré lo que designes, 
cúbreme con tu piel,
a dónde iremos,
por qué un día y no otro,
se oculta el sol y
la luna se carcajea en tu boca,
dime ahora, 
cuál es tu mandato.

Qué viaje,
tanto por contar,
el polvo en las manos,
los huesos rotos,
nada por delante,
salvo el espejo oscurecido,
una ventana al más allá,
estoy listo,
chasquea los dedos.

Cincuenta días nos faltan,
vivo o no,
eres tú, 
estoy listo para ascender,
concibes en tus manos,
en medio de tu frente,
abre los ojos,
extiende los brazos,
baila conmigo en el fuego,
bajo el sol abrasivo que inunda
este mundo en su crepúsculo,
rompe el espejo,
dame mi libertad.



Ilustración: "Sta. Catarina de Siena" por Giovanni Battista Tiepolo

UNO Y MIL MOTIVOS PARA ODIARME

 

Qué necesidad tengo,
de ser yo todos los días,
encarnizado,
mírame de nuevo,
yo sé quien soy:
ánimo y veneno.

De nada sirven mis trucos,
porque las intenciones
cuentan estando vivos,
ando ciego a pesar del día,
del sol, de las señales en el aire,
le doy besos al suelo,
nublado de ira,
un silencio que muerde
mis manos y cuello.

Sólo quiero ser un fantasma,
que nadie me mire,
nadie me hable,
he perdido la razón,
porque en cualquier cosa 
que pienso,
soy grotesco,
ampuloso,
un baboso sin sueños,
inútil y sin peso.

La bondad es sólo un camino,
un premio sin recibir,
qué hay en mi mente,
sino carnicerías,
mirando pasar sombras
y palabras que no están,
qué me queda,
además de un vacío,
desear todo el mal 
que pueda.

Por qué la vida me eligió
para cargar este sustento,
motivos de más,
sin control mientras
babeo y soy
el peor egoísta,
bueno o malo,
apestoso como las horas,
que saben rancio.

Qué necesidad,
de ser bueno o malo,
cuando puedo mandar
todo al diablo,
te odio por odiarme,
y me odio porque me gusta.



Ilustración: "Tiradentes descuartizado" por Pedro Américo

martes, 26 de mayo de 2026

LAS SERPIENTES

 

Me encontré tiritando,
bajo el agua sin empaparme,
preparé todo mi acto,
escribiendo la noche entera,
aquí, de pie en la almohada, 
estos ojos, no los míos,
me están mirando.

Atorado en el carrusel, 
las horas van y se estiran,
cayendo desde un 
anaranjado desierto,
el golpe es seco, 
de saliva y sangre,
el cuerpo en pedazos,
y vienen las serpientes,
tres o cuatro,
arrastran, arrastran
sus ojos amarillos.

Una es el destino,
indecisa, invisible,
otra es la vida,
radical e inflexible,
la tercera es la muerte,
cercana, precisa,
y la cuarta,
es el encanto,
la poesía,
el diablo.

Ya no siento nada,
el sudor es poco,
el miedo es magia,
estoy enfrentando un espejo,
ennegrecido y roto,
quién tuviese mi nombre,
mi nombre para despertar,
tal vez, me falta una mordida,
el veneno verde,
transformándome en pura 
imaginación,
¿es posible?

Tiritando,
las serpientes suben,
se siente como el
día de la independencia,
con una explosión tras otra,
alrededor de mis huesos,
en el centro de mi estómago,
un golpe, una caricia,
la saliva y los colmillos,
y sólo quedan 
sus ojos amarillos,
en un cuarto inmenso
lleno de oscuridad.

Quiero nueva vida,
sobrevivir más allá
de la carne quemada,
tiritando junto a las serpientes,
estoy frente al espejo,
pero nada dice,
deforme y roto,
el cuerpo es mío,
pero los ojos,
amarillos,
no son míos.

Espero me recuerdes,
con la cruz partida en el pecho,
callando los rencores,
absorto en promesas,
una serpiente en el brazo,
otra, alrededor de mi almohada,
la última, saluda y escupe,
aquí vienen,
cayendo como las estrellas
sobre la tierra,
una noche triste
y fría.

Tanta la distancia,
el resentimiento,
tiritando junto a la
última serpiente,
es quien dicta el poema,
le pregunto todo,
se queda sin ojos
y sangra tal cual escribe,
con fina letra, 
nobles versos
en calumniosa eternidad,
y tal vez me diga,
después de mucho,
quién soy 
en realidad.



Ilustración: "La muerte mordiendo una serpiente" por Oscar Parviainen

sábado, 23 de mayo de 2026

PEZ MUERTO

 

De frente al mar cortado,
ciñe un escalofrío mi cuerpo,
el día no abre su parpado,
cuando todo en mi memoria,
es lluvia.

Ir y venir entre oscuras olas,
fantasías de vivir en el fondo,
a costa de sus secretos,
y de los míos en silencio.

Hoy todo es peligro,
un miedo que abraza 
con intenciones de matar,
atrapando en su mirada
de espejo,
este cuerpo de aire,
el mío.

Qué misterio
existe afuera,
allá en la noche densa,
el tiempo es un abismo,
en el que caen 
palabras, deseos, sueños,
y me falta ese algo
que incendie el filo, 
distinguiendo 
agua de horizonte.

Me consume la intriga
de ojos quietos,
de los míos a ninguno,
esta noche llueve
como nunca,
qué equilibrio hay
para este malvado corazón,
yéndose al exilio,
a la deriva,
una amarga
amarga
deriva.



Ilustración: "Despedida en la costa" por Jakub Schikaneder

jueves, 21 de mayo de 2026

A DOS MANOS

 

Entra en ánimo,
sirve una copa después del trabajo,
fuera luces,
máscaras, ropa, el mundo
que te roba el alma,
eres tú,
contra todos.

El día del juicio,
tu protagonista es la bestia,
en hoja tras hoja quemada,
hordas de niños celebrando,
un coro y orquesta,
decidiendo en su eco
si vives o mueres,
tu inminente final.

Entiende,
la historia es la misma hoy,
todos somos psicópatas, 
derritiéndonos al amanecer,
las estrellas son magia,
una luna muerta, el castigo,
rompe las flores,
clava la pluma en la puerta,
este trabajo es a dos manos,
prepárate para salir.

Sí, 
es el fuego,
azul eléctrico,
en la cima de tus ojos,
camina hasta la ventana
y grita al explotar el sol,
toda es tu obra,
alrededor de los cuerpos,
las páginas arrancadas,
quiero un trance,
la hora exacta
y vivir para siempre.

Escribe este mundo otra vez,
tal cual desees,
vuelve tus secretos 
en la única verdad,
bébete nuestras lágrimas,
y juega con los huesos,
4 de la mañana 
insufrible
2 de la tarde
ideal
10 de la noche
sal otra vez a cazar.

Estaremos hombro con hombro,
bendiciendo con ácido
las paredes,
cada puerta o ventana,
máquina tras máquina,
el eterno teclado,
terabytes con tus novelas,
la nube sanará tus poemas,
con música o buñuelos, 
colores, pantomimas, 
el fin del mundo 
siempre,
un trabajo a
dos manos,
eres el espejo,
invisible.



Ilustración: "Pieza para cuatro manos (la muerte toca con nosotros)" por Marcel Roux

miércoles, 20 de mayo de 2026

VAYAMOS A DORMIR

 

Sígueme por el pasillo alfombrado,
finito mar de silencioso terciopelo,
vamos a la deriva,
a tu libertad con una condición,
promete iluminarme 
con la luz en tus ojos,
pasando tanta oscuridad,
vayamos despacio,
como si tuvieses que cantar
en susurros,
como si el mañana 
fuese igual a hoy.

Vayamos a dormir,
encontrándonos en praderas
detenidas en el tiempo,
donde las nubes no envejecen,
el cielo no marchita su color,
ese en tus ojos,
moviéndose a la par de mis manos,
envueltas con el aire,
y desde tus párpados,
apenas escapará
la promesa de una luna canosa.

Es verdad, 
cuan vehementes son los deseos,
realizándose a través de la carne,
la nuestra, a pesar de 
las advertencias
gozo o dolor, 
hermanos de penosos de la 
lujuria,
diáfanos hijos de la belleza,
sabernos unidos o alejados,
más allá del amor,
de la ternura
o el miedo,
suficiente violencia
sobre un espejo 
de aguas luminosas.

Nada es posible,
mi hermosa,
lejos de tu verdad,
pronunciándose tras
el bochorno de cada despedida,
palabra a palabra,
su peso es la extinción,
arrasando mares con polvo,
el cielo despejado
con marejadas de fuego,
dime tú,
la verdad y nada guardes,
sabes si pertenecemos,
a la vida 
que imaginamos,
o al mismo sueño,
perdidos.



Ilustración: "Finales de octubre" por John Atkinson Grimshaw 

domingo, 17 de mayo de 2026

ME SÉ UN TRUCO

 

Tengo nada en las manos,
muerto el cerebro,
la boca seca,
creo recordar de mi principio,
el final.

Me sé un truco 
que no cualquiera,
cómo viste un monstruo de frontera,
un visitante en el centro,
un turista en la cárcel,
mira de lejos,
escucha de cerca,
vendrán mejores días con lluvia,
tal vez, sólo voy comenzando.

Llegué en un destello,
tras finalizar la guerra,
mira mis pies,
grandes, sucios,
mira mis manos,
invisibles o enguantadas,
robando de tu cuerpo,
el secreto que mejor proteges.

En serio,
me sé un truco fenomenal,
no necesito mejor dicción,
o una tarjeta dorada,
ya me sé tus movimientos,
aquello que vayas a decir,
puedo leer tu mente,
aunque tal vez,
ya estoy
muerto.


Ilustración: Konstantin Kuznetsov