Curiosidad asesina,
reprimida emoción,
en este tiempo de héroes,
Perdí toda memoria.
Siempre
oscura es la noche,
alejado del amanecer,
en tierra
extraña, bajo la farola fría,
ojos que
permanecen cerrados,
el regreso
de un sueño,
exteriorizando
los momentos,
todas las sensaciones sobreviniendo
como fantasmas incompletos,
la historia se repite,
personalidad perdiéndose así misma,
brazo roto.
labio
partido,
sombra de todos los dolores del pasado.
Estrofas que
rondan sobre mis cabellos,
medianoche,
suponiendo
llegar al siguiente día,
vivo, respirando, hablando, conduciendo,
el mismo
retorno del futuro,
la pregunta
es también es igual,
bebiendo del
mismo sentir,
embriagándome
con el destino,
sonido provocado por aquellos que tampoco duermen,
sus ojos son
los míos,
puedo verlo
todo en la oscuridad,
escucharlo
todo,
rumores a
pesar del silencio.
Cruzan los
trenes, autos, sombras,
el calor
desprendido por el cigarrillo se muere,
pasa la vida
a toda velocidad,
sólo los
santos duermen esta noche.
Siempre es
el mismo sueño,
imagen
difusa entre luces,
tenues,
convirtiéndose en un rayo,
centelleante,
ardiendo como pira del infierno
tras la rasgada piel de mis parpados,
siempre es
el mismo sueño,
el mismo
movimiento de pies,
sonido
aburrido,
sé que es
tarde, el reloj nunca miente,
tatuado permanece,
observando permanece desde la muñeca dislocada en mi mano…
Buscando calle tras calle,
el amor es
caridad,
protegiendo
cada íntimo deseo,
tramado
nuevos acuerdos,
teniendo como testigo el mudo asfalto,
encantadoras
son las noches,
cuerpos
compuestos por huesos,
labios que
besan el borde de cristal de las copas,
pasa de la
medianoche,
y siempre,
siempre será demasiado tarde.
Desde algún
sitio,
bar o
escondrijo,
huye el
sonido de una fiesta,
desatada a través de las horas,
vivas o
muertas,
buscando una
razón real por alcanzar,
palpable como el metal helado,
la carne tierna,
este aire de ilusión,
locura verdadera.
Denominando
el ruido bajo un yugo, un precio,
mi gabardina
es gris,
mi cabello
deslucido,
mis ojos
cansados,
síntomas de
la abstracción,
minutos
inconclusos,
la voz
que desprecio,
ese mismo desprecio
que se envuelve en mi cuello,
es otra noche
interminable,
mi abstinencia espectral.
Vuelven los
destellos,
desde algún
instante de este mar de oscuridad,
¡Bienvenido!
Grita la voz,
viajando arrastrada por ondas,
no se detiene,
amoroso es
su beso,
tal como el
roce del pétalo venenoso,
sobre cualquier instancia,
faena que significa porvenir,
bebiendo
hasta extinguir la llama,
hasta que
sea inminente despertar,
hasta que el
sol arda en mi retina
hasta que
llegue ese día.
La
procesión ya no es corta,
corren las
parejas para esconderse,
la noche no
pertenece a nadie,
porque nadie
posee un nombre,
un nombre
maravilloso,
protegiéndose
de su destino,
condena o virtud,
vida sumida a través de la penumbra,
descansen
los justos,
nada será
igual otra vez.
Y percibo el
color de los mosaicos,
a pesar de mi soledad y ceguera,
están perdidos mis pasos,
me pregunto,
me pregunto por el sabor de este licor,
inmensa es la noche,
lento es su andar...