jueves, 20 de julio de 2017

EMBRIAGÁNDOME CON EL DESTINO


Curiosidad asesina,
reprimida emoción,
en este tiempo de héroes,
Perdí toda memoria.

Siempre oscura es la noche,
alejado del amanecer,
en tierra extraña, bajo la farola fría,
ojos que permanecen cerrados,
el regreso de un sueño,
exteriorizando los momentos,
todas las sensaciones sobreviniendo
 como fantasmas incompletos,
la historia se repite,
personalidad perdiéndose así misma,
brazo roto.
labio partido,
sombra de todos los dolores del pasado.

Estrofas que rondan sobre mis cabellos,
medianoche,
suponiendo llegar al siguiente día,
vivo, respirando, hablando, conduciendo, 
el mismo retorno del futuro,
la pregunta es también es igual,
bebiendo del mismo sentir,
embriagándome con el destino,
sonido provocado por aquellos que tampoco duermen,
sus ojos son los míos,
puedo verlo todo en la oscuridad,
escucharlo todo,
rumores a pesar del silencio.

Cruzan los trenes, autos, sombras,
el calor desprendido por el cigarrillo se muere,
pasa la vida a toda velocidad,
sólo los santos duermen esta noche.

Siempre es el mismo sueño,
imagen difusa entre luces,
tenues, convirtiéndose en un rayo,
centelleante, ardiendo como pira del infierno
 tras la rasgada piel de mis parpados,
siempre es el mismo sueño,
el mismo movimiento de pies,
sonido aburrido,
sé que es tarde, el reloj nunca miente,
tatuado permanece, 
observando permanece desde la muñeca dislocada en mi mano…

Buscando calle tras calle,
el amor es caridad,
protegiendo cada íntimo deseo,
tramado nuevos acuerdos,
teniendo como testigo el mudo asfalto,
encantadoras son las noches,
cuerpos compuestos por huesos,
labios que besan el borde de cristal de las copas,
pasa de la medianoche,
y siempre, siempre será demasiado tarde.

Desde algún sitio,
bar o escondrijo,
huye el sonido de una fiesta,
desatada a través de las horas,
vivas o muertas,
buscando una razón real por alcanzar,
palpable como el metal helado,
la carne tierna,
este aire de ilusión,
locura verdadera.

Denominando el ruido bajo un yugo, un precio,
mi gabardina es gris,
mi cabello deslucido,
mis ojos cansados,
síntomas de la abstracción,
minutos inconclusos,
la voz que desprecio,
ese mismo desprecio que se envuelve en mi cuello,
es otra noche interminable,
mi abstinencia espectral.

Vuelven los destellos,
desde algún instante de este mar de oscuridad,
¡Bienvenido! Grita la voz,
viajando arrastrada por ondas, 
no se detiene,
amoroso es su beso,
tal como el roce del pétalo venenoso,
sobre cualquier instancia,
faena que significa porvenir,
bebiendo hasta extinguir la llama,
hasta que sea inminente despertar,
hasta que el sol arda en mi retina
hasta que llegue ese día.

La procesión ya no es corta,
corren las parejas para esconderse,
la noche no pertenece a nadie,
porque nadie posee un nombre,
un nombre maravilloso,
protegiéndose de su destino,
condena o virtud,
vida sumida a través de la penumbra,
descansen los justos,
nada será igual otra vez.


Y percibo el color de los mosaicos,
a pesar de mi soledad y ceguera,
están perdidos mis pasos,
me pregunto,
me pregunto por el sabor de este licor,
inmensa es la noche,
lento es su andar...


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