No hay secreto,
en huir con los zapatos puestos,
como un susurro en medio de la noche,
yendo por callejones sin respirar,
desapareciendo entre la luz de farolas,
cuando los rostros no existen,
cuando su significado
difiere de la realidad.
Gira tu cabeza
y bebe hasta el fondo,
atente a lo que conoces,
sonrisas pintadas
conversaciones forzadas
mientras abres tus brazos
y cierras los puños.
¿Quién eres?
Un reflejo opaco,
en el aura de incertidumbres,
vaho que se confunde con la oscuridad,
un fantasma tras cada sonido,
el toque helado de una mañana
de gris semblante.
¿Cómo se llama tu máscara?
Tras una oclusión aparente,
sea tu sonrisa, conducto de más incertidumbre,
a nadie y todos, restriegas la verdad en decadencia,
y te sabes iniciador de la cacería,
contra los niños en abandono.
Y es momento de callar,
de nunca subestimar la larvada carencia,
mientras golpeas contra el suelo un vaso,
y despojas del elixir a los mortales,
porque son bocas con la sed de un sueño,
de lo que es verdad y lo que no,
pero adivinar u opinar lo que sucede
afuera de los párpados,
no te corresponde.
ese ya no es tu derecho.

