De un camino a otro,
la mejor solución,
vendida frente a tus ojos,
cortada a la mitad.
No olvides,
callar la voz,
esa que anuncia del relámpago su caída,
es momento de borrar las manchas,
sin ver que sean de sangre o tinta,
en la ceguera, tan sólo puedes sentir,
si la tierra bifurca sus cauces,
si acaso es opción,
permanecer de pie y hablar sin la verdad,
equivaliendo a huir en silencio.
Si con el primer destello del alba,
cada cuerpo descubre su pecado,
aquel que sostiene cada párpado en la oscuridad,
andando por cualquier calle solitaria,
sobre la mano, el color rojo resbala,
el instante cuando todo el amor nace
en una sola frase,
irrumpiendo tras el crepúsculo,
cada golpe en esta vida
habrá valido la pena.
Ahora, los días sucumben,
arrastrados por todo el suelo,
hasta desaparecer lento,
y son arena escapando del reloj,
agua que apenas moja mis manos.
En una marca de nacimiento,
aguarda la cadena favorita de errores,
y sobre un páramo abierto, suceden accidentes,
en las partículas del golpe entre fuego y viento,
la elección fue cometida.
Y si fuese posible,
sobrevivir a la misma probabilidad,
dos o tres veces por una cantidad incalculable de años,
por más fácil que parezca,
la mano encara el rostro,
el destino, la duda o la lluvia,
aquí viene la inundación,
lo que sea que decida llevarse,
lo que sea que la muerte arrastre.
Palmas arriba y ojos descubiertos,
para cada cual que no diga su nombre,
un mensaje en la unión de los dedos,
sean dibujos en blanco y negro,
líneas largas sobre el suelo.
Nada queda por hacer,
salvo un corte con la navaja,
tan rápido que desliza con suavidad,
perdiendo luz ante el guiño del cielo,
librándonos de todo el mal,
de el dolor, de la libertad...
Ilustración: Party of Mobilization Day, circa 1936. Painted by Daniel Sabater y Salabert

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