jueves, 11 de agosto de 2016

CAYENDO DE CABEZA


Dolor, por qué te posas en mi corazón,
si ya es difícil ganar sustento,
y pareciera mi resistencia a ello,
total despropósito, 
cuando ser libre equivale a pelear,
para tener tu propio pensamiento.

Lo más horrible en la vida,
es el menor de cada problema,
un espejo posado en tu cara,
una mancha llenando el día,
límite para cuando el ocaso rompa,
ahora, cada sombra es bienestar,
destruyendo lo hermoso y puro,
todos los problemas resultan el mismo.

No quiero saber,
por qué mi voz es de agrío sabor,
raspando mi garganta,
tirando un golpe tras otro,
la intención es la misma,
si caes, que sea desde el fin del tiempo,
cuando los días no terminan,
frente a un sol opaco 
y cayendo de cabeza...

Matar lo mínimo no es suficiente,
con un golpe, con un zarpazo, 
las vísceras se asoman a lo que dicte el aire,
su hedor no es equivocación,
quiero saber lo qué esta vida significa,
lo que sus imágenes rememoran,
cuál es mi verdadero destino.

[el vació es ceguera]

Podría vender los restos de mi humanidad,
para sobrevivir los días de medianoche,
para no volver a caer,
cuando de necesidades,
mi deseo es proponer un cambio,
palabras sin ruido,
un intercambio de color por lágrimas,
pagar con monedas tristes,
sobre la frialdad de tu espejo 
en mi cara.

Despierta al momento definitivo de tu vida,
inútil conservar su estela, envejeces sin arreglo,
el instante cuando la por fin sobreviene,
arrastrada con rencor, desdoblándose la cabeza,
podría ser bendición o castigo,
podría ser tu destino,
deseando ubicar algo diferente, por diminuto que se diga,
la profundidad de un espacio vacante,
en la oscuridad el cobijo son cadenas,
inclinándose para reconocer la sonrisa,
el dolor, el sueño dulce de lo imposible.

Ojos que observan las manecillas voltear,
la rotación inconclusa que nada dice o responde,
y ese dejo podríamos ser nosotros,
podría tratarse de un mañana mejor,
si tan sólo no avanzara tan rápido,
dejando resignación en cara de otros,
las manos cortadas, chorreando,
su espíritu cercenado.

Si la luz de mis ojos cambia,
no motive dormitar esta emoción,
arrastrando ambos pies escaleras arriba,
escaleras abajo después,
en un tibio rayo de sol,
en la noche más fría de invierno,
el momento de sortear la mordida de una serpiente,
es mi vida una espiral en descenso,
mirando la copa de los árboles,
desde un agujero en la tierra, 
viviendo junto a los horrores de un mundo,
de estas fantasías que escapan desde ningún lugar,
sin lugar a donde ir,
esperando sobrevivir la caída,
sin despojarme de mi humanidad, 
deseando jamás regresar,
no puedo escapar...

Aquí, donde los días fallecen grises,
sofocados por los instantes de mi vida,
el ánimo y felicidad,
destruidos, desvaneciéndose prontamente,
buscando la veracidad de la carne,
donde el filo hace rodar las cabezas,
en el mismo cuerpo donde las cavidades respiran,
el conocimiento del espíritu resulta apócrifo
un destino similar o terrible,
un corazón tan agotado,
cayendo de cabeza y levantando el miembro erecto,
cuando la distancia nada significa.

Cuan desamparado es mi deseo,
volar y jamás morir,
elijo cambiar de lugar, de país y especie,
renuncio a mi humanidad,
la misma que comparto en el espejo,
la más enajenante pesadilla,
mi dolor agraciado,
deslizándose palabras tan bellas,
resucitando los días de alegría carentes.

[promesas de prosperidad en bancarrota]

Voy cayendo,
año tras un año,
dibujando una sonrisa con labial,
ensanchada, metálica como la sangre,
cayendo sin motivo que la propia decisión,
a media luz y sin voz,
con estos ojos que albergaran inocencia,
ahora, ahogados por la corrupción.

Ay, compartiendo miseria y regocijo,
un corte en la piel y un grito,
golpe fatal en la cabeza,
mírame una vez más,
ahora que no vendrá la lluvia,
ni el sol ni la nada por decir,
seré más que tu amigo sin zapatos,
joven e ingenuo,
compartiendo el mismo nombre,
el mismo rostro contigo.


Fotografía: "Screaming Elf" por Kevin Westenberg

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