lunes, 20 de febrero de 2017

EN EL SER


Publicación del ´87
una espera que nada tiene que ver con la realidad,
subidos de tono,
los lamentos del amor se realizan inolvidables,
sean cicatrices, recuerdos o distracciones,
quemando la tierra y cegando los cielos,
esperando, esperando,
un sin igual que bendiga a todos los padres,
sus rostros congelados yacen,
herida que transfigura un latido en partículas,
piedras que ruedan en descenso,
mirando detrás del hombro,
primero estuvieron ahí,
ahora se han ido,
ido antes de comenzar.

Encontrando un nuevo hogar,
soñando para descubrir nueva vida,
en el ser y en el tiempo,
lo que fue y se dice como esencia,
adentrándose en la profundidad de la noche,
esperanza venida a través de las visiones del maná,
corriendo por los campos de esta tierra,
creando hombres y mujeres,
humanos o animales,
creencia de banderas,
todavía sobreponiéndose a las mismas palabras,
a las mismas manos frías,
estos sueños sólo suceden durante horas palpables,
más allá de los muros de cualquier frágil fantasía,
más allá de lágrimas que son verdaderas,
más allá del recuerdo de la inocencia perdida...

Pero la vida pasa de largo,
rasgo de libertad,
en el descanso más duradero,
un manojo de penas por sustentar,
de pie bajo la lluvia,
un momento único para existir,
desnudo como el espíritu,
navegando entre las nubes,
cuando el mundo descansa,
limpiando sus errores,
permitiendo remediar las palabras,
colgando confusión sobre la finada espera,
misma de la que tanto se dijo,
se habló en tanto la sangre supura,
no puede lograrse una duda, esta y ninguna,
con lo que viven los poetas,
los viajeros,
los soñadores,
es este su ideal definitivo,
a pocos milenos de morir,
cofradía de obras, una por otra,
palabras y más observaciones desde
inusitada lejanía,
todo cambia,
la vida,
otras perspectivas...



Ilustración: Platón y Aristóteles, La Escuela de Atenas, por Rafael Sanzio.

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