domingo, 25 de junio de 2017

TESTIMONIO


Soñé con inventar un océano,
bañar mi ego con sus aguas de cristal,
refrescando las estructuraras de la mente,
última oportunidad para lavar cada una de mis entrañas.

Soñé con un edificio,
gigante como un palacio,
inalcanzable como el cielo,
construido por mis propias manos,
en un esfuerzo sobrehumano,
y al mismo tiempo,
fue soñado por otros ojos,
por la misma cavidad imaginaria que transformó mi vida,
probando los últimos instantes del aire,
brinqué, brinqué,
fui nuevamente un niño,
enredado en el alambrado de mis propios nervios,
soñé con ese edificio,
era mi cuerpo,
brinqué, brinqué,
sentí demasiada culpa,
soné con volar
 y volé.

Tuve en un sueño millones,
de expectativas,
teclas de un piano que no paraba de llorar,
era hermoso su llanto,
tuve millones de monedas,
una indigestión por miles de veces construidas,
derroché los mejores años de mi vida,
un elemento que me mantiene ahogado,
el mundo supo de mi infección,
divirtiéndome con el dolor entre los ojos,
superando las molestias que producen las nauseas de permanecer
 en un solo lugar por horas,
sensación de libertad por tener el cuerpo desmembrado,
en un lugar y en otro, varios en sólo un momento,
empatado con el destino,
misericordioso, vulgar,
si la vida se convirtió en una mentira,
fueron mis lágrimas entera realidad.

Soñé con limpiar mis pies,
beber de la botella todo el veneno,
siempre se trató de nada,
un sueño tan simple en las horas que se escurren,
cuando las palabras llegan y pesan,
poseyendo una y mil vidas más,
en notas de una suave melodía,
en el grito desesperado de una emoción confusa,
el mundo entero logró sacrificar su integridad,
viviendo a través del eco,
en los recuerdos secos de un momento olvidado,
el deseo por despedazarme,
deseo que se dice,
deseo que no detiene su voz.

Soñé con encontrar el día,
flotando entre la mirada de lo irreversible,
en un hogar sin plumas,
con mi cabeza girada al revés,
terminando por llorar la misma historia,
en un ciclo que perfora todas mis vísceras,
soñé hasta el amanecer,
soñé por vez última.

Continúo despierto.

Si no soy yo.

Soy tú.


Fotografía: Lasse Hoile.

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