sábado, 19 de agosto de 2017

UNA OSTRA


Desperté para ser feliz,
con mucho dolor a cuestas,
es el odio de este mundo 
viajando en mis hombros,
tal vez signifique el fin del mundo,
tal vez, toque fondo en mi existencia.

Escrita la verdad en mi rostro,
pareciera que avanza el tiempo a hurtadillas,
son demasiados años,
desvestido bajo el agua,
son demasiados años,
tendido en la arena bajo el sol,
demasiados años perdido en la tierra,
esta voz se vuelve violencia,
estos ojos no existen en realidad,
manos celosas,
y todos los recuerdos.

En reflexión de la desgracia,
sonrío para no vivir,
es momento del apocalipsis,
culminación de mi alegría,
las sensaciones más agrias,
se avecina el deterioro de mis entrañas,
no puede mi apariencia ser más que una mentira,
dímelo,
derriba todas mis ilusiones,
dímelo,
así matamos el olvido...

El amor es mi caparazón,
gotea sangre sobre mi rostro,
palabras que se quiebran en oídos de la necedad,
un día más que viste un atuendo incoloro,
boca que derrama ortigas,
palideciendo cuando mis ojos no consiguen obtener descanso,
sí, estos sueños son todo,
todo hoy,
decidiendo por el destino...

Mañana,
delegando el pasado a otro bolsillo,
en el mejor exilio,
velocidad que me despierta con desenfreno,
la cual esta vida nos mata,
el tiempo es uno,
todo hoy...



Ilustración: El Coloso por Francisco Goya.

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