Fuera de este pensamiento,
explotando.
Por las calles cuando la tarde caía,
cuando el futuro todavía no era concebido,
manejándose salvaje,
juventud que no conoce restricciones,
explotando...
Girando completamente la cabeza,
revoloteando ambos ojos hasta desaparecer,
deseando pertenecer a una nueva sociedad,
destrozar mis propios cabales,
escapar de la jaula...
Cruzando una ciudad,
bajo el signo de la inocencia,
ciego, sordo, mudo,
con el tiempo contado,
buscando algo que hiciese latir este corazón,
amor, sonido, emoción,
un milagro verdadero,
oportunidad para olvidar el dolor,
creían como enredadera la ansiedad,
la ira y el desazón,
estos dedos y los pensamientos perdidos,
huesos que se ahogan y los comienzos que nunca llegan,
¿Sucederá así toda la vida?
Mis ojos fueron la granada,
mis sueños el futuro,
mis manos las herramientas,
para construir o derribar,
comenzando con una hoja en blanco,
erigiendo la pluma, el lápiz,
como si se tratase de una espada,
cortando,
en constante deseo por saber todo,
en los días cuando el suelo no parecía tan duro,
cuando el frío no era tal,
cuando la vista no lucía borrosa,
cuando los lobos no eran uno
con mi causa...
Nadie jamás prometió que sería fácil,
majestuosa es la vida,
aprendiendo en cada tropiezo,
sin detenerse,
rompiendo las puertas,
cruzando a través de los muros,
eligiendo las palabras,
completando los versos,
guardando la nostalgia por un tiempo,
en el bolsillo del pantalón gastado,
ingenuidad sobrepuesta delante del cristal,
¿Hubo futuro?
Explotando en deseos,
transitando por las mismas calles,
vacías tal como el estómago de los pordioseros,
buscando paz,
líquido para esta agitada sed,
saciedad en días que se fueron,
en historias que están por contarse,
ininterrumpidas,
malogradas,
explotando,
tras cada esquina,
imaginando una y cientos de vidas diferentes,
realizando preguntas al viento
sin obtener respuesta.
Amarrando mi camino,
avanzando cuando el sol se oculte,
cuando la noche aparezca,
cuando vuelva a explotar nuevamente...
Cruzando una ciudad,
bajo el signo de la inocencia,
ciego, sordo, mudo,
con el tiempo contado,
buscando algo que hiciese latir este corazón,
amor, sonido, emoción,
un milagro verdadero,
oportunidad para olvidar el dolor,
creían como enredadera la ansiedad,
la ira y el desazón,
estos dedos y los pensamientos perdidos,
huesos que se ahogan y los comienzos que nunca llegan,
¿Sucederá así toda la vida?
Mis ojos fueron la granada,
mis sueños el futuro,
mis manos las herramientas,
para construir o derribar,
comenzando con una hoja en blanco,
erigiendo la pluma, el lápiz,
como si se tratase de una espada,
cortando,
en constante deseo por saber todo,
en los días cuando el suelo no parecía tan duro,
cuando el frío no era tal,
cuando la vista no lucía borrosa,
cuando los lobos no eran uno
con mi causa...
Nadie jamás prometió que sería fácil,
majestuosa es la vida,
aprendiendo en cada tropiezo,
sin detenerse,
rompiendo las puertas,
cruzando a través de los muros,
eligiendo las palabras,
completando los versos,
guardando la nostalgia por un tiempo,
en el bolsillo del pantalón gastado,
ingenuidad sobrepuesta delante del cristal,
¿Hubo futuro?
Explotando en deseos,
transitando por las mismas calles,
vacías tal como el estómago de los pordioseros,
buscando paz,
líquido para esta agitada sed,
saciedad en días que se fueron,
en historias que están por contarse,
ininterrumpidas,
malogradas,
explotando,
tras cada esquina,
imaginando una y cientos de vidas diferentes,
realizando preguntas al viento
sin obtener respuesta.
Amarrando mi camino,
avanzando cuando el sol se oculte,
cuando la noche aparezca,
cuando vuelva a explotar nuevamente...

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