A todas las almas perdidas,
presente miedo a vivir,
autos que sonríen en las calles,
explotan cuando parpadean,
en un susurro, un rezo,
devastando lo imposible,
la vida, sólo es una.
Olvidando los rostros de estas almas perdidas,
perdonando por vez primera,
salvación para todos los inocentes,
los últimos momentos del día
siempre son en vano,
siempre son en vano,
anuncian la despedida.
Profetas locos,
compartiendo a la guerra su filosofía,
entregando bienes que arrebataron a otros,
alma y vida de los miserables,
cuerpos impresos en el fango,
juzgando con severidad,
hoy llueve demasiado.
De una parte del mundo a otra,
manteniendo los recuerdos seguros,
prosperando en el pasado,
sobreviviendo hasta el amanecer,
estos lobos evaden con
sus colmillos, nuestras balas.
sus colmillos, nuestras balas.
Guardando un centavo y un suspiro,
para comprar y vivir,
un mañana inexistente,
las noches son largas,
los días fulminantes,
los autos explotan,
las cartas degüellan.
Alberga la oscuridad tu sonido,
una o mil detonaciones,
alberga la noche un desfile,
cadáveres de los victimados,
sus voces en un solo coro:
“Si en Dios no crees,
no conocerás emancipación,
si nunca la consigues,
no escaparás del mundo y su violencia”.
Elegidos para la guerra,
imposibles para la virtud
respirando en el fuego,
un arma y su motivo,
conectando mente con espíritu,
marionetas del tiempo,
definiendo el sufrimiento,
como una parte del mundo.
Se rompen sus cuerpos,
tiernos y frágiles,
dejando su sangre en el suelo,
cayendo en manos de la muerte,
tiritan sus almas y
dejan atrás sus lágrimas.
Se rompen sus cuerpos,
tiernos y frágiles,
dejando su sangre en el suelo,
cayendo en manos de la muerte,
tiritan sus almas y
dejan atrás sus lágrimas.

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