lunes, 22 de enero de 2018

SÍNDROME HAMLET


Insensato pensamiento,
tras este rostro de calavera,
sueños que pertenecen al pasado,
en palabras dichas como necedades,
una terrible reflexión tras otra,
ir y venir por el mismo camino,
aquel cuyo límite donde los ojos
 el fin no vislumbran.

Intensas son las horas,
cuando la penumbra gobierna,
y esperas de pie en lugar cualquiera,
no es ningún sueño,
es un rasgo que no se pierde,
esperas de pie hasta que aparezca el fantasma,
aquel de los días olvidados,
de la juvenil inocencia,
aquellos momentos de felicidad,
cantan las horas su soledad,
las estrellas parecen resoplar un aire frío,
la luna recita pálida poesía.

Mientras la vida propia
 y la de los semejantes sucede,
ocurre y pasa sin parpadear,
el deseo se vuelve el mismo,
despertando para todas las oportunidades tener,
huyen, terminan por romperse con el alba,
para cuando la vida sucede,
libremente, impresa en un horario,
libre y reconociéndola por turnos,
sucede con diferentes perdidas,
sucede con los sonidos que fueron alguna vez
 hermosos, igualmente síntomas de inocencia,
desapareciendo en los momentos más difíciles,
esperando inútilmente,
olvidando la esperanza,
esperando por nada,
esperando por nadie.

Comprendiendo el dolor,
acabando con la edad,
sus promesas,
iguales a lagunas vacías,
planetas vacantes y lejanos,
una suerte que no perdura,
y siempre la misma pregunta:

¿Existe el ser?

¿Realidad o pantomima?



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