Tan distante,
apartada es la mirada,
bajo los parpados,
suceden los sueños,
nubes blancas,
cielos azules,
un cuerpo pequeño,
flotando sobre el agua,
midiendo sus fuerzas,
carne que se congela,
aliento que se dispersa.
Tan fría es la almohada,
rotas lucen estas ilusiones,
cuando se pierden en el ojo negro del sol,
líneas volcadas sobre las palabras,
una brisa se cuela,
los momentos robados por el día,
tan profunda y solitaria es la noche,
tan fría es la habitación de los deseos,
lluvia sentimental,
tras la ventana.
Sábanas,
ásperas como arena en el desierto,
salvajes como el ruido fuera del mundo,
ruge un estómago,
las figuras sin definición,
sombras parlantes,
ojos de mirada difunta,
dispersando el aliento,
un golpe mayor,
compartido,
media luz,
interrumpida.
¿Qué clase de ser humano eres?
Tan frío.
Extraños en el camino,
mostrando mutuamente las cicatrices,
indicios de una vida secular,
turistas de la alfombra,
sobreviviendo a la pesadilla constante,
ciegos como fantasmas,
volando más allá de las estrellas,
palideciendo bajo una luz errada,
a la brevedad,
despojándose de toda levedad.
Recordando el movimiento,
parpadeo de esta luna congelada,
manos suplicantes,
todas las estupideces,
lecciones aprendidas,
manos sobre la cabeza,
carne empacada en latas,
el sueño reflejado,
espejos que se rompen,
variedad en el discurso,
son las cinco más uno,
mañana o noche,
es demasiado tarde.

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