Colaborando con los sueños,
niños y niñas de este mundo,
imaginando una vida imposible,
convirtiéndose en la
próxima generación perdida.
próxima generación perdida.
Sobre campos de flores,
se erige sangre sin tocar los pétalos,
tumultos de consciencia sin despertar,
arte por arte como fue ojo por ojo,
esta cruzada ya no es indiferente.
Es grata la curiosidad nocturna,
asomando la mirada por calles iluminadas,
donde latieron todos los corazones,
pero olvidaron mencionar sus nombres,
hoy son agujeros y aquí termina la tierra,
donde latieron todos los corazones,
pero olvidaron mencionar sus nombres,
hoy son agujeros y aquí termina la tierra,
manteniendo el dedo índice más allá de la vista.
Estigmas en sus cuerpos,
fotografiados sin conceder permiso,
no han cambiado del todo,
muy a pesar de su edad, de sus gritos,
dirigiendo su berrinche la frontera,
lujo y ascenso de precio elevado,
carne por plástico,
sueños por estrellas,
caridad por remordimiento,
pensamientos por remedios.
Todas las sombras cantaron,
al unísono su noche de estreno,
mirando los acres y de pronto,
el relámpago,
juzgados por el mismo crimen,
búsqueda incesante de felicidad.
Su condena es quemar lágrimas,
propias y ajenas, una lástima sentimental,
quizá cortar en desesperación sus cuellos,
es demasiado tarde para quejas,
demasiada hambre por resarcir,
amortiguan como pueden su caída,
sed de revolución,
ciudades que decrecieron su esplendor,
voces quebradas ante el movimiento de
las manecillas, y estas son arena,
una es la verdad y no la podemos negar,
todos los rostros cambian.
Hijos del mañana,
renueven su promesa,
un instante divide la oscuridad
de aquellas emociones humanas,
es aroma perpetuo de libertad,
cuidado, porque es veneno que paraliza,
protejan ese brillo es sus ojos,
es inmenso...
Bajen de su sueño,
bajen no como ángeles,
gánense el derecho por una vida regular,
pero no es verdad que aterre,
la vida no son rocas descendiendo por la montaña,
aunque todos habremos de morir,
allá, lejos, en el lado perpetuo del cielo,
donde nace el silencio
y llora una eternidad el páramo.

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