Muéstrame un baile,
llévame ahí,
donde las sombras rezan,
donde la luz nunca se apaga.
Tres o cuatro días,
concilio para el sufrimiento,
por debajo de la carne,
va muriendo un corazón,
hoy, es alimento para el frío,
escucha por vez última,
cuando tarda la conciencia en romperse,
satisfaciendo el silencio,
tanto hasta romperse.
Protégete,
protégete a ti mismo,
tan desvalido,
falsa sonrisa en portento,
días que rehusan la protesta,
catatónico primer instante,
bajo el manto negro de la noche.
Muéstrame el baile,
cayendo por la orilla del mundo,
una orgía de emociones amargas,
largos minutos cuando la sangre
se torna tan helada, azul como
perla en el océano hundida,
muéstrame el silencio,
consecuencias de una vida mutilada.
Sobre este suelo,
por encima del sol,
donde la mancha de cada lágrima
satisfaciendo el silencio,
tanto hasta romperse.
Protégete,
protégete a ti mismo,
tan desvalido,
falsa sonrisa en portento,
días que rehusan la protesta,
catatónico primer instante,
bajo el manto negro de la noche.
Muéstrame el baile,
cayendo por la orilla del mundo,
una orgía de emociones amargas,
largos minutos cuando la sangre
se torna tan helada, azul como
perla en el océano hundida,
muéstrame el silencio,
consecuencias de una vida mutilada.
Sobre este suelo,
por encima del sol,
donde la mancha de cada lágrima
se oculta, dejadas por un rostro pálido,
a causa de fatalidad,
el ritmo incandescente.
Inmolación prematura,
cortejo de los sueños,
nivelados en puntual intención,
sobreviviendo la otredad,
bebiendo de bocas indistintas,
lamentando el destino,
fatídico, como un sacrificio.
La cacería,
el amor,
la etapa más transparente.
El mito,
corrupción,
diminutos instantes,
se rompen como cristales,
arena en el viento,
cielo mojado,
borrosa mirada,
un día gris con distinto sabor.
Reinando por encima de la corona,
destruyendo el susurro de la muerte,
evidenciando la ceguera,
compleja oscuridad en ciudad de los muertos,
lanzándose por el estribo,
vacío como ser humano,
ardiendo en sueños del rencor,
muéstrame las mandíbulas,
muéstrame el cause de esta sangre.
Bailemos al fenecer el ocaso...
a causa de fatalidad,
el ritmo incandescente.
Inmolación prematura,
cortejo de los sueños,
nivelados en puntual intención,
sobreviviendo la otredad,
bebiendo de bocas indistintas,
lamentando el destino,
fatídico, como un sacrificio.
La cacería,
el amor,
la etapa más transparente.
El mito,
corrupción,
diminutos instantes,
se rompen como cristales,
arena en el viento,
cielo mojado,
borrosa mirada,
un día gris con distinto sabor.
Reinando por encima de la corona,
destruyendo el susurro de la muerte,
evidenciando la ceguera,
compleja oscuridad en ciudad de los muertos,
lanzándose por el estribo,
vacío como ser humano,
ardiendo en sueños del rencor,
muéstrame las mandíbulas,
muéstrame el cause de esta sangre.
Bailemos al fenecer el ocaso...

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