Quieres comprender la vida
en ocaso del tiempo,
donde las sombras bailan
frente a tu cuerpo azul,
de abajo hacia arriba,
sin saber,
nada en absoluto.
Si tu nombre es nada,
temerario es surcar este mundo,
donde el cielo y la tierra,
consumen su casamiento,
a partir de la muerte del ser humano.
A infinidad de tu luz,
escapando de mi lustro de oscuridad,
mantén base sobre tu mente,
no escuches, no observes,
una llama sobre tus dedos,
y su sabor,
quebrando tus dientes.
Desesperación.
Belleza de imagen complicada,
posesión de las virtudes y la caída,
perdiendo noción absoluta del tiempo,
regalando un ramo de flores purpuras.
Alumbra el designio,
evitado con alevosía,
amando por la eternidad la vida,
resuelta en un sueño imposible,
y es verdad, porque habla y camina,
como el mensaje que desciende
por las nubes hacia nuestra boca,
un mar de locura y depravación,
se abre y cierra,
un día de contagio,
de palabras para siempre perdidas.
Hará falta un milagro,
salvarte del veneno
jamás fue sencillo,
anunciando los meses,
desapariciones y enamoramiento,
indulgencia del más apto,
son los mandamientos sobre la piedra,
salvarte con gestos de amor,
en este mundo corrupto,
ahora se cortan las calles,
desaparece la vista,
hay un espejo en lo alto,
muy alto,
muy alto.
Es cierto,
devino en revelación a los cuatro vientos,
una o dos horas,
surcando esa plenitud prometida,
imaginando contraria belleza,
línea tras línea captando los rasgos,
en tu rostro para reconstruirlo con piedra.
es cierto,
a infinidad de blancura y solemnidad,
es cierto,
la profecía recién adivinada.
Estuve a solas,
con los conejos, de pie sobre lava,
rojo como el sol que muere,
como esta sangre que hierve,
una visión en voz transfigurada en eco,
aplastado y demacrado,
contando en reversa para jamás perecer,
a solas con los conejos,
pudriéndome,
bebiendo desde la mano,
orando sin ocultarme,
porque mi oración es la navaja,
mereciendo su fractura.
Y tú,
escapaste,
a través de la suciedad,
el fuego, el polvo, la vejez,
aprendiste.
Ilustración: Fragmento de la Divina Comedia por Gustave Doré
frente a tu cuerpo azul,
de abajo hacia arriba,
sin saber,
nada en absoluto.
Si tu nombre es nada,
temerario es surcar este mundo,
donde el cielo y la tierra,
consumen su casamiento,
a partir de la muerte del ser humano.
A infinidad de tu luz,
escapando de mi lustro de oscuridad,
mantén base sobre tu mente,
no escuches, no observes,
una llama sobre tus dedos,
y su sabor,
quebrando tus dientes.
Desesperación.
Belleza de imagen complicada,
posesión de las virtudes y la caída,
perdiendo noción absoluta del tiempo,
regalando un ramo de flores purpuras.
Alumbra el designio,
evitado con alevosía,
amando por la eternidad la vida,
resuelta en un sueño imposible,
y es verdad, porque habla y camina,
como el mensaje que desciende
por las nubes hacia nuestra boca,
un mar de locura y depravación,
se abre y cierra,
un día de contagio,
de palabras para siempre perdidas.
Hará falta un milagro,
salvarte del veneno
jamás fue sencillo,
anunciando los meses,
desapariciones y enamoramiento,
indulgencia del más apto,
son los mandamientos sobre la piedra,
salvarte con gestos de amor,
en este mundo corrupto,
ahora se cortan las calles,
desaparece la vista,
hay un espejo en lo alto,
muy alto,
muy alto.
Es cierto,
devino en revelación a los cuatro vientos,
una o dos horas,
surcando esa plenitud prometida,
imaginando contraria belleza,
línea tras línea captando los rasgos,
en tu rostro para reconstruirlo con piedra.
es cierto,
a infinidad de blancura y solemnidad,
es cierto,
la profecía recién adivinada.
Estuve a solas,
con los conejos, de pie sobre lava,
rojo como el sol que muere,
como esta sangre que hierve,
una visión en voz transfigurada en eco,
aplastado y demacrado,
contando en reversa para jamás perecer,
a solas con los conejos,
pudriéndome,
bebiendo desde la mano,
orando sin ocultarme,
porque mi oración es la navaja,
mereciendo su fractura.
Y tú,
escapaste,
a través de la suciedad,
el fuego, el polvo, la vejez,
aprendiste.
Ilustración: Fragmento de la Divina Comedia por Gustave Doré

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