Aquí, en la mitad de todo,
aprendemos a vivir con dolor,
determinando una postura,
una guerra y sus nombres,
para cuando terminas de luchar,
cada uno de los muertos
velará el trance en tu sueño.
Nacimos para vivir,
desmintiendo intenciones ralas,
andando en sintonía con el mal,
aquí, la lucha jamás termina,
entrando a un nuevo baldío,
esperando una eternidad.
La salida de un nuevo sol,
la llegada de un auténtico ángel,
una promesa que nunca sucederá,
tantas lágrimas como malos deseos,
vertidos en una lluvia de noche,
aquí, esperando absolución,
esperando desaparecer...
(por la eternidad)
Andando,
como si inclinarse en una iglesia
te pudiera salvar,
nunca se trató acumular posesiones,
no es un asunto de vanidad,
andando hasta quemar la soga,
hasta consagrarse a la vida.
Andando a ciegas,
cuando la verdad de tu nombre,
es un fantasma perdido en el trance
de cualquier voz,
andando para no permanecer,
andando sin cometido o rumbo
por la perpetua oscuridad.
Verás como en un sueño,
del cielo sus pleitesías,
reposando bajo tierra
con la vista nublada,
volverás a nacer sin miedo,
y tras cansarte de tus pies
enrojecidos por andar
todo el día sin rumbo,
a través de un valle donde la sombra
desconoce el calor,
el brillo y la ternura.

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