sábado, 30 de marzo de 2024

LA CAÍDA DE LOS CORAZONES

 

Cada lágrima arde,
como sangre hirviendo bajo el párpado,
ahora, cuando el sol promete no brillar,
a pesar que los días nacen sonriendo.

En ausencia de lo que conocimos,
vivir y amar en natural acto,
con suspiros vertidos al aire,
a este mundo en su brisa,
y este como una bombilla de luz,
se rompe como un corazón sin nombre.

Difícil redactar cada línea,
en la misma carta para nadie,
leyéndose con aliento frío,
con los ojos apagados,
y tan inútil esperar,
por algo bueno que suceda,
cuando la tinta mancha el papel,
en cartas que no tienen destino,
improntas como ceniza vuelta a la noche,
en la letra gris de una fortuna peor.

Supimos comer en la escarcha,
incluso de los huesos de pájaros,
esperando de la vida, 
oportunidades de triunfar,
Padre, aquí te habla tu hijo,
cada gota de sangre en mi, bulle con fervor,
pero ahora, late poco mi corazón.

Porque fácil es asomar al abismo,
encontrando consuelo sin complacencia,
fácil acercarse, tocar lo que no está,
cuando en mis ojos, 
un fuego ardía y recuerdo su intención,
hoy, es la nostalgia de un brillo
que jamás igualé.

Confieso, 
haberme lastimado,
para ocasionar algo,
la caída de un relámpago,
cuando el puño golpeó la pared,
una que no hablará,
sobre mi nariz azoté la sartén,
brotó realidad, caliente y roja,
manchándome las manos con el crimen,
y con ese rojo pinté mis tardes,
el ocaso roto en mi pecho,
la ilusión de lo que jamás alcanzaré.
Me lastimé para confesar, aquí.

En ausencia de todo lo bueno,
a mis sueños sobrevino
esta sensación de permanente ahogo,
una marea áspera y seca,
negra y fría,
la sensación nociva un sabor amargo,
la bestia que reconoce su nombre.

No me queda aliento,
y apenas la tormenta viene,
con mil lágrimas que arden,
cuando la vida no es satisfactoria,
sino una lucha por la indiferencia,
yendo de un lado a otro en la jaula,
y el acoso de fracasar es la cuerda
que lentamente raja la carne en el cuello.



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