Eres la visión que mancha el lienzo,
de un mundo castigado por las llamas,
eres el cobijo, un refugio,
abrázame, dame aliento,
en medio de la noche más negra.
He borrado el amanecer,
de mi corazón de hierro,
es máquina sedienta,
una mente sin consciencia.
Compláceme con tu cuerpo,
las llamas no surten el ahogo de ayer,
naces en el centro de mi lengua,
y mueres floreciendo en las delicias
de un universo colmado.
Andando ciegos y sangrando de los labios,
con espuelas por patas,
el rumiar solitario de animales tras la bruma,
encuentro carnal que nadie soñó,
una estrella en el párpados de los moribundos.
Ahora, es fácil extraviar el camino,
dame tus extremos con espinas,
dame vida para sepultar,
mía o tuya a la sombra de lo cortado,
con la sangre de tus labios.
Erige la luna en su lugar,
fraguando el intercambio de voces,
en silencio, antes de perecer sin bondad,
demonizando el arte por mano de imbéciles,
rostros sin ojos y cuerpos sin nombre,
un trabajo sin ley, a corazón de hierro forjado.
De aquí a la putrefacción,
el inmenso vacío de vagar sin destino,
último rasgo de desesperación,
entierro sublime para tus sueños,
imaginando este mundo
consumido por las llamas.
Ilustración: Gustave Doré
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