Imagina un cuarto,
tres paredes y una ventana,
la meta de hoy, escapar,
el arma apunta directo al sol,
cuál es el sentido de vivir,
bajo aburridas reglas
o mil amenazas,
cuántos humanos no pudieron
salir del vaso, del humo,
de pastillas provenientes del imperio,
una carta cariñosa,
mil pasos marcados en el reloj,
este dolor en el costado,
los comunistas quieren una cabeza,
cuando la ventana escupe sangre,
nada es imaginario,
todo es un sueño de caricias
y vejaciones con antifaces,
dame un poco de agua,
matemáticas para torcer los labios,
un gato salvaje y mil billetes rotos,
ahora, quién podría mantener a salvo
su cordura, apartada de la luz,
transformándose en una cadena de oro,
esclavos del nuevo orden mundial,
en la tierra prometida del diablo,
es más fácil sentarse y nada decir,
matarse para suprimir el romance,
sorber pornografía para tampoco sentir,
cuán extraño será el futuro,
a pesar de las décadas,
la distancia es fría, es un páramo
de palabras que hieren,
manteniendo viva esta furia no se apaga,
qué puedo hacer si no brinco por la ventana,
qué hago con esta pesadilla que inicia
cuando despierto y respira y camina,
qué hago con el animal rabioso,
con mi nombre en estas paredes,
cada imagen, cada sensación,
aprieta mi piel contra las espinas,
tanta nostalgia entonces,
de haber conocido la felicidad,
pocos los minutos,
qué hago con este agujero en el pecho,
cuando las pesadillas dejaron
de ser imaginarias,
sino un malestar recurrente,
un dolor que me hace vomitar,
los cuerpos al aire,
la fantasía maldita de una vida
diferente, la broma, la vagancia.
Ilustración: "El sueño de Fausto" por August von Kreling

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