Muéstrame la tinta en los papeles,
el polvo, la sangre, el brebaje, el ácido que surca el aire,
ese torrente en la vena de tu cuello,
los reportes escritos desde la inmundicia.
El caos no imaginario,
sabes de lo que hablo,
eres tú el cazador,
loco y vicioso bastardo.
Muéstrame el arma,
las dulces palabras que involucran perdida,
las ruedas que giran sobre la carretera,
marcando con fuego su paso,
el camino de una bala,
el camino de una bala,
la calumnia de tu desenfreno,
muéstrame la pasión de ser escritor.
En medio de cualquier aventura,
te coronaste con los cuernos del búfalo,
hay lagartos bebiéndose el bourbon con talento y gracia,
en la noche arde la locura
muéstrame la pasión de ser escritor.
En medio de cualquier aventura,
te coronaste con los cuernos del búfalo,
hay lagartos bebiéndose el bourbon con talento y gracia,
en la noche arde la locura
arde el corazón desenfrenado,
hambriento de las visiones del conejo blanco.
hambriento de las visiones del conejo blanco.
Cuéntalos, todos los vasos contienen polvo,
sorbiéndolo de la manga con innata perversión,
fumando el destello eléctrico de la vida,
muéstrame lo escrito,
todos vivimos para morir.
Y mira como las conspiraciones se repiten,
día tras día en las páginas, en las paredes,
incendiando las calles con toneladas de basura,
divulgando los fraudes de la religión,
los disparos ficticios de la consciencia,
más allá de lo que dicen es la libertad,
a tu salud, cazador,
tus dedos se resbalan, se derriten sobre el teclado.
Y temo,
seamos hoy los ilegales,
¿Por qué?
Es acaso y por siempre el mismo final,
reviviendo el humo del cigarro,
¿Por qué?
Es acaso y por siempre el mismo final,
reviviendo el humo del cigarro,
desapareciendo tan rápido en un parpadeo,
en un disparo surcando el cielo,
y la chusma grita ¡sangre!
es lo que siempre busca,
apretando como las mandíbulas del tiburón,
atrapado en el vicio que te hiciese tan famoso...

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