Revélame una noche,
entregando tus esperanzas y faltas,
derogando leyes y muros,
embarneciendo tu espíritu con arrogancia,
bebiendo toda el agua de las fuentes,
cuerpos llevados por un deseo,
cuerpos desnudos tras el asomo de la luna.
El mar,
bajo y por encima de las estrellas,
es obsesión que se quema,
enloqueciendo tan distinto a lo presenciado,
en un sueño que no puede ignorarse,
en un sueño que no puede ignorarse,
tras estos parpados,
un sueño sobre la eternidad,
acarreando todos los instantes de la historia.
Pies de cristal,
manteniendo el amor a flote,
a salvo de la inundación,
una profunda insinuación,
llevándose de un lado a otro:
palabras, versos, corazones arrancados
a través del aire,
en sus manos anochece,
hondo y oscuro,
transcurriendo el olvido.
Consuelo en la lejanía,
a flote este nocturno,
nuestros rostros realizados con madera,
mueren los árboles,
todas las nubes pesan lo que rocas sin alma,
una necesidad por erosionarse a sí mismas,
una necesidad que supura desde el capullo,
promesa de belleza renacida,
manos de aire

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