viernes, 25 de mayo de 2018

CIGARROS DE AZÚCAR


Desearía una narrativa,

nueva que se riegue por todo mi cerebro,
como canto de sirena,
dormir una infinidad bajo sus aguas,
salir hacia la superficie,
volar hacia la noche.

Años no pasen en vano,
viviendo entre la evocación,
de lo concluido y lo que continúa,
juventud que todavía se menciona,
cuando su llama arrecia,
cuando los demás cadáveres gritan.

Movimientos especiales,
dominados por la pérdida de lucidez,
a través de un melodioso eco,
supuran los nombres,
a través de la lengua y su desierto,
hoy sangran otra vez las venas.

Dame toda imaginación,
todas las equivocaciones,
llévatelas al vacío,
mente ahogada en el océano,
de una civilización en duda,
todos los días,
su nombre es nostalgia, 
su voz la próxima que se apaga.

Desearía volver,
escribiendo sobre piel,
rellenando los espacios,
vacantes de una vez por todas,
entre las calles y su melancolía,
fumando para jamás desaparecer,
el saber innegable de unos labios,
es el amor,
concebido entre la oscuridad,
es lo que dice el eco,
es el amor.

Hasta la naturaleza es material,
maravillosa en su propia soledad,
ruinosa cuando sucede en la omisión,
de principios, sustantivos y conjugaciones,
dame palabras en tres tiempos,
tu narrativa lineal,
cuando la mente sea más oscura,
cuando no llore otra vez.

Días como aquellos,
como ningún otro,
serios en la verdad,
así suceden,
llegan para reír,
se van,
en un parpadeo,
contados sus lamentos,
por los segundos,
por las horas,
son diminutas,
se van,
para solos morir.

Dulce, dulce verdad,
regresando en un albor distinto,
reconociendo el sonido,
un movimiento,
evocando lo indefinible,
querrás eternidad,
deseo una pluma,
un tanto de humo,
espuma,
nunca, nunca
estar solo.


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