Dime quién soy,
en este mundo excluyente,
bailando hasta desmayarnos,
libera tu aliento,
sobre la piel en mi rostro,
somos humo,
somos sangre.
Escribo para imaginarte,
concebirte tan desnuda,
en el mismo sueño una y otra vez,
recostada sobre las sábanas de tus nubes,
los caminos son tersos,
como descenso de una montaña nevada,
nadie conoce tu nombre,
repite en tu voz callada,
tu nombre,
es el mío.
Entre nosotros no hay banalidad
o distinto son,
sólo motivación en un cuarto oscuro,
bajo el párpado del sol de medianoche,
bajo el párpado del sol de medianoche,
tantas las noches,
en el toque cálido de tu mano,
un llamado sin testigos,
desde el sueño meditabundo,
en un mundo que saluda sin manos,
sin rostro y con la lengua de fuera,
mi mundo sin nombre,
es la razón y por única ocasión,
dime quién soy,
no logro ver.
Somos la burbuja,
viajando impasibles por el aire,
como plumas caídas,
como plumas caídas,
calientes y desconociendo el cielo,
ojos de las aves negras,
cuando el sol quema en su lengua fría,
muéstrame el camino,
nuevas razones para vivir.
El color de las estaciones,
se han ido sin disculpas,
se han ido sin disculpas,
ilusión de la rota inocencia,
lunes, martes,
las estrellas,
miércoles, jueves,
pasos agigantados,
viernes, sábado,
concluyendo en una explosión,
domingo,
rumiando en el borde de los tesoros.
El mundo pertenece a la carne,
lo somos,
besándonos los labios,
besándonos los labios,
partiendo a la tierra de nunca jamás,
acariciándonos el cuerpo,
degustando los huesos
deseando todo por siempre,
perdiendo la cordura tras las sombras
pálido color en sus puertas.
En el silencio,
observa el lugar de lo que fue,
un amigo nuevo y otro en el olvido,
balance desigual,
increíble de ser,
de convertirse natural como el habla,
vista, escucha y tacto,
entre nosotros no hay impedimentos,
somos culpables,
por someter y dominar el espíritu,
tantas veces repetidas,
buscándonos latido tras latido,
un largo beso de tantos,
dime ahora,
quien soy.
Simulando que escuchamos,
somos la mente.
Abandonando lo que fuimos.
En el silencio,
observa el lugar de lo que fue,
un amigo nuevo y otro en el olvido,
balance desigual,
increíble de ser,
de convertirse natural como el habla,
vista, escucha y tacto,
entre nosotros no hay impedimentos,
somos culpables,
por someter y dominar el espíritu,
tantas veces repetidas,
buscándonos latido tras latido,
un largo beso de tantos,
dime ahora,
quien soy.
Simulando que escuchamos,
somos la mente.
Abandonando lo que fuimos.

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