domingo, 7 de abril de 2019

HIENA


Observa,
aquel por ti espera,
cual sombra tras tu ojo,
en dirección cuando
sopla el viento,
blando, diáfano,
es aliento,
perdido la noche.

Observa,
con cariño la perla en el cielo,
vuelan pájaros en silencio,
esencia de otros que se van,
afuera, en vida similar,
despojados de carne y hueso,
de todo sufrimiento,
una de tantas mañanas,
sus restos serán mi alimento.

Observa,
serán estrellas,
serán colmillos,
olfateando indiferencia,
trabajando horas extra,
donde sea que exista vida
 y oponga resistencia,
sangre caliente y entrañas transparentes,
alguien entra,
roba y se va,
desaparece en la noche,
escucha con levedad su aullido,
escucha mientras se escabulle el silencio...

Observa,
miles de cachorros,
huérfanos sin explicación,
dejando huellas diminutas,
piel que no les pertenece,
desamparados bajo un halo fugaz,
bestias llamadas con desprecio,
ocultos en cada uno de mis sueños,
encontrándolos en propia ceguera,
con voces llanas,
muy lejos,
en el otro lado.

Observa,
la realidad traiciona,
la percepción es un grano de arena,
figura en soledad,
bañándose con lágrimas de la perla,
luna que canta a los indefensos,
acaso un eco que no se apaga,
claros sentimientos,
contradiciéndose,
como una piedra irrumpiendo en el agua,
no hay silencio.

Observa,
un sitio en tu interior,
luz de tus pensamientos,
nadie más habla por ti,
latidos de la eternidad,
es una sombra,
espíritu vagabundo,
vida sin predecir,
el amanecer todavía permanece lejos,
pretendiendo auténtica libertad.

Observa,
en mis garras la verdad,
bajo los colmillos,
es destino,
son lágrimas de condena,
una y para siempre.

Observa,
antes de comenzar,
de morir,
de volver a respirar,
¿Qué dicen mis ojos?

Y tu recuerdo,
es profunda herida
 sangrante y brilla,
a pesar que tan espesa
 habite la noche en sí misma,
tan negra como un sol que incinera,
tanto como la perdición en mis ojos,
es un rumor,
es un sombra.


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