jueves, 2 de enero de 2020

20


Muéstrame una carta,
alguna que hubiese redactado
 cuando muchacho,
tan joven, tan ingenuo,
muéstrame una lápida,
oculta tras la sombra de tu noche,
alguna donde mi nombre
 no sea objeto de reposo eterno.

Muéstrame alegría,
el peligro de aquel entonces,
incertidumbre que sea vital como
 la sed y el hambre,
estuve tan vivo
 y no pude notarlo,
no fui capaz.

Muéstrame tu mirada,
ese fulgor que me quema la piel,
un campo abierto,
para huir, para iluminar,
estas son las manos,
para escribir los días y meses,
las horas y semanas,
cuando el tiempo alcance nuestras vidas,
sólo sabremos de reír.

Muéstrame tu mejor cara,
persiguiendo esperanza cuando la noche
 caiga, ¿Qué fue de las fantasías?
Ahora estoy despierto.

Cruzando por un anillo de fuego,
esta vida es la cuerda floja,
destilando miedo desde mi piel,
por caer, por conocer el mal,
en ojos de la desesperación,
este mundo es una mentira,
muéstrame la verdad,
develando el misterio en cada
 una de las palabras recónditas,
libérame del inhóspito secreto.


***

El mañana necesario,
atrapado por intensa nostalgia,
explotar en un suspiro el corazón,
ese recuerdo jovial y fresco,
respirando bajo un azul inmenso.



Ilustración: Pedro Pablo Rubens, "Los horrores de la guerra"

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