jueves, 20 de febrero de 2020

EL MENOR CRIMEN


En mi vida,
sobran sueños
y delgada violencia,
mi nombre 
se quedó dormido,
fue el menor de mis crímenes.

Amo los números,
el código de barras,
un espacio en blanco,
y su voz, aunque escasa,
dicta cuánto vas a perder.

A esta carta, un poema,
a las piernas congeladas
una silla con ruedas,
una colección tersa
de sentimientos sin uso,
túnel de luz,
arriba en el infierno,
una alucinación o tal vez nada.

A la vida,
soy luz verde sobre la carretera,
escondrijo para cadáveres,
palabras y palabras y palabras,
todas hablan,
surcando el mismo segundo,
un cielo de color oscuro.

Amo el ruido,
explotando en mi cerebro,
en mi corazón deshecho,
este es un secreto,
mío y cuando muera
será tuyo mi reino,
un costal de huesos,
un cementerio.

A las horas,
por una causa,
cierra tus ojos y 
puedes prostituirte,
por la verdad y la justicia,
cambia de sexo y se uno con el viento,
tu vida lucha a la contra,
pero es siempre frustración.

A la locura clínica,
cierra tus ojos y si lo deseas,
desaparecerás,
con la peluca puesta,
desaparecerás,
yendo con la verga de fuera.

A los golpes,
pronunciándose en el suelo,
mis recuerdos como estatua de sal,
observé en ojos de la ira,
ira de Dios y descubrí,
el sabor de las caricias duras,
la visión futura de
chicas en bikini,
y vi bajo los párpados,
vi aun más,
vi muchas calaveras.

A este final,
encontrando el amor,
una ruta corta,
filosa como una navaja
clavada en mi corazón.



Fotografía: Alison Scarpulla

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