A una casa abandonada entré anoche,
resultando ser tu corazón,
busqué el recuerdo de tus sonrisas,
centelleantes y blancas,
donde tu voz mintió siempre,
y mi camino torcí sin querer,
por un susurro maligno en la oscuridad,
reclamando el reino que jamás tuve.
Hincaste tus pasos,
sobre el corredor endeble de mi espalda,
Alguien que firma en el libro
Hincaste tus pasos,
sobre el corredor endeble de mi espalda,
tu mirada como un velo seductor,
deseando sólo para mi,
la promesa del tesoro lunar,
desvistiéndose en la negrura,
misma con la que tu cuerpo envuelves.
Desearía respirar bajo el agua,
hundirme hasta desaparecer,
ahí donde sé que no estás,
desearía dejar para siempre de soñar,
con volver de la tumba algún día,
con volver de la tumba algún día,
cerrar esta herida abierta,
sangrando en mi pecho.
Te mueves rápido,
Te mueves rápido,
como las palabras que revolotean
bajo cada pálida luz,
quisiera ser,
el vampiro que rompa con las lámparas,
porque son tus palabras,
las piedras que fluyen por mis venas,
escapándose de este mundo,
dejándome frío tras la neblina
dejándome frío tras la neblina
que todavía me desarma.
Alguien que firma en el libro
del diablo,
no puede ser víctima,
el amor deja cadáveres tras su paso,
cuando los sentimientos
toman la forma de una cárcel,
esperamos pronto morir,
morir como víctimas de
un amor enfermo.
Ilustración: "La muerte del enterrador" por Carlos Schwabe

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