Quiero me respondas una pregunta,
conoces un remedio permanente contra el dolor,
ese que se aloja en el corazón,
en el centro de la mente,
en el rincón más inalcanzable de los sueños.
Amanece, y todas las frutas están resecas,
yendo de un lado a otro,
sin nada mejor que hacer,
a la deriva en medio del espacio,
sin luces ni expectativas,
con ambos párpados sellados,
cuando las monedas parecen colmar mis manos.
Todos mis pensamientos te mencionan,
como las estrellas a la luna,
el sol a los planetas,
todos mis pensamientos son el ruido
que este cosmos ahoga,
y no sé que puedo hacer,
si acaso dejarme morir,
quiero tener las preguntas correctas,
para soñar con su respuesta.
Y creo en la verdad,
cuando se vuelve contraria a la vida,
en aquello que esperas y no recibes,
porque si conservo tu sonrisa,
su recuerdo brillante en mi cabeza,
esta vida puede mejorar,
convirtiéndose más allá de un delirio,
como andar entre las ondas del viento,
intentando las esferas de lo inalcanzable,
pastillas para cortar el dolor,
electricidad entrando por mis ojos,
garganta, venas y estómago.
Electricidad sopesando el calor de los huesos,
electricidad en el centro de mi universo,
cuerpo sin nombre, cielo despejado,
de aquí no falta la eternidad,
dedico todos mis pensamientos,
a encontrar una salida,
siguiendo la luz,
luz cálida,
luz que todo lo recupera,
luz que todo lo extingue.
Ilustración: Cisnes reflejando elefantes

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