Es otro día de primavera,
otro día en la época del recato,
afuera conviven el silencio
y este aire caliente,
si miras despacio,
la razón te cegará,
si respiras con recelo,
nada llegará para colmarte
las manos.
El sabor puede ser dulce,
los cuentos de la infancia,
imágenes vestidas de color,
una sensación cálida en el pecho,
pueden ser diferentes los días,
ahora cuando olvidamos el rostro
de la inocencia,
con un trayecto tras otro,
cruzando las fronteras que son
vestigio de libertad fallecida.
Regresar sobre nuestros pasos,
cada momento, cada día,
un acto de amor desmedido,
sin compromiso, estimando
consecuencias que son el soplido
de un fantasma que nunca ha estado aquí,
el mismo engaño cometido,
el mismo transcurso enloquecido.
Y nada sabemos de la vida,
escondiendo el secreto,
el significado del plan maestro,
repitiendo calladamente sin decirlo,
la debilidad, la pérdida, el desencanto,
qué es lo que contiene las acciones en
nuestros pensamientos, en nuestras manos,
es verdad, lo que odiamos
está a un paso de nosotros,
es verdad, lo que odiamos,
es a nosotros mismos.
Antes de desvanecernos en la luz,
las dudas resultan tan inmensas,
y sus respuestas,
tienen muy tarde aparecer,
el tiempo se termina,
es parte del plan maestro,
desconocido, que pone a prueba la fe,
y caes, caes en la ira, en la desgracia,
antes, antes de desvanecernos,
y piensas en regresar,
a los días cuando la vida sonreía,
cuando nos contagiaba con su bella,
bella alegría.

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