Un peligro tras otro,
fumando tan cerca de la almohada,
mirando el cielo negro,
despabilándose de un sueño
preguntando cuando llegará el amanecer.
No hay un nombre,
excepto manos vacías,
cuando el futuro se pierde,
nada existe fuera de la imaginación.
Desarmado en especulación,
alrededor del poco aire en esta tierra,
uniendo los puntos antes de caer,
circunferencia de lo desconocido,
roto, exiliado.
Sin necesidad por hablar,
oráculos vienen y van,
presupuestando una oferta por vivir,
el sustento magnánimo,
nunca llega, nunca es suficiente.
Ay, de la nostalgia,
pendiendo de un hilo,
exacerbando su significado,
sale el sol tras la visión gris,
golpeando la carne,
la entrañas, los síntomas, el nombre.
Ilustración: "Cráneo con cigarrillo encendido" por Vincent van Gogh

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