No se trata de hablar sin palabras,
suscitar un incendio en el arcoíris,
crímenes como mentiras,
cuán temerarios resultan los párpados,
tardes sin sol,
ahora ardemos juntos,
tomados de la mano.
Vamos por la copa,
bolsas llenas de basura,
no se trata de maldecir,
viviendo para ser esclavos
volteando la página y cortando
nuestras venas,
vamos por la copa rellena,
un alma trastocada con la pena.
Andando sin rumbo,
carentes de lo sagrado,
una carta con rostro de calavera,
espejos negros en cada mano,
y el ahorcado dirigiendo el tránsito,
ay, es el destino,
un curso sin camino.
Azules o dorados,
sean virtudes en manos de otros,
puede el amor soportarlo todo,
una tormenta en ojos de este cielo,
recobra el calor,
la textura de la juventud,
rostro, piel y cabello,
identificando tus movimientos,
diariamente, apuntando una raya
más en este pozo del infierno.
Casas de papel,
iluminadas por un pensamiento,
ardiendo juntos,
tomados de la mano,
sé lo que piensas,
compartiendo el destino
en páginas descoloridas,
vamos a desaparecer,
vamos a desaparecer,
es nada sin vida, sin ilusión.
Fue lo que dijimos,
prisioneros en el mismo telar,
fuera de esta realidad,
quemando sueño tras sueño,
sin claridad en hablar,
tan vacíos parecen los años,
un dolor en el pecho,
es momento de olvidar.
El cielo es uno,
la memoria también,
el fuego, la destrucción,
el humo y su caos que embarnece,
ya no importa si resulta distinto,
el ánimo fenece igual.
Ilustración: "Las nupcias de Cupido y Psique" por Pelagio Palagi

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