Son las palabras escritas en tu mano,
restos de un par de alas,
grandes y blancas,
sombras bajo tus párpados,
yacen quemadas,
ceniza por crucificar mañana.
Ilusión soberbia,
de un ocaso que nada trae,
noches incasables de polvo,
días de incipiente luz blanca,
eco de un vacío que devora.
Dejando atrás,
el eterno desánimo,
historias de labios rojos
que ríen sin gozo,
sobreviviendo
a su propio deseo,
prisionero,
esclavo,
de un esqueleto
sin calavera.
Un sueño atrapado
en el eco de un nombre,
tras las paredes,
mientras recita al infinito:
"jardines, aquí estuve,
prisionero al interior de un pecho,
de tripas, sangre y pelo..."
Sacrificando toda esperanza
cuando levanta el alba,
el olor, el sabor, las sensaciones,
libera estas manos,
para colocarlas rectas
dentro del fuego.
Ilustración: Nicola Samori
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