Una diecisiete de la mañana,
andando por la oscuridad de la carretera,
disparando mi cabeza por el parabrisas,
rostro, cuerpo, espuelas,
ruido en medio del cerebro,
qué más puedes escribir cuando los
párpados yacen cortados,
dejando sangre y lágrimas sobre la hoja en blanco.
El amor es una tersa estadía en medio del desierto,
sin agua o alimento, ni aire ni esperanza,
es el amor una corona de espinas de plata,
penetrando la piel y calcinando los sueños,
es verdad que nacimos por una razón,
más allá de morir sólo porque sí.
Una diecisiete de la mañana,
detonando el arma del juicio,
el sonido y su silencio,
rompiendo los cristales de los autos
y mis dientes también,
rompiendo con las rimas sobre la hoja,
la nada es un color blanco.
Malentendiendo los mensajes,
a perpetuidad cuando el cielo
parece nublado y no lo está,
mis ojos son remedios alternos para la ceguera,
cándida mentira de un risco que desprende
pesadas piedras, y sí, la respuesta es mentira,
como suele presentarse la vida,
y las voces en coro recitan:
"la adversidad no te representa",
sólo estos deseos por borrarme
de la faz de este inmundo planeta.
El amor es una camisa de fuerza,
internarse entre los árboles de espesura verde,
dices el nombre y tus ojos brillan para siempre,
dices el nombre y tu corazón poco a poco muere,
el amor es el soporte de la locura,
entre fantasías y largas correrías nocturnas,
una cama convertida en pleito de perros,
la cuna de la nueva vida.
Un disparo en medio de la noche,
despertando por azar del eco,
despertando para rezar lo que olvidaste,
aquí estoy, bailando yo solo,
escribiendo algunas fantasías,
el vicio prepotente, el diablo con su vestido rojo,
el cuerpo de un delito diferente,
los minutos que descienden en segundos,
golpeándome directo en el rostro.
No me queda suficiente aire,
sólo este colosal asco,
el miedo que todo lo convierte,
lo domina, lo pervierte,
Una diecisiete y el máximo silencio,
hagamos una fiesta,
tú dictas lo que sigue...
Ilustración: ralph steadman



