Este sol abrigado por las nubes,
testamento dorado de los días
imposibles de recordar,
oscurece entonces el cielo,
un misterio sin decirse.
Observa,
un relámpago arribando
y su fuego posterior,
sugerencia de soñar despierto,
midiendo poco a poco,
los instantes que se van.
Queda su piel,
para describir los detalles,
rasgos de mentira y secretos,
cae luz en medio de su mirada,
un halo que surge en la noche,
cual latido, fuerte e impredecible,
a expensas de un deseo,
que el cuerpo guarda en silencio.
Haz memoria, fantasma,
amanece igual que ayer,
igual a las temperaturas del infierno,
salve entonces verano,
de juventudes en plena huida,
dame instantes diminutos,
platicas prolongadas,
noches, fantasma,
en paz en medio del caos.
Vuelan cartas con tu sangre,
volcadas a la intermitencia del mundo,
son la risa de una paloma,
los poemas, los terrores, las nubes,
corona de metal,
aliento y remembranza,
transparencia entre las plumas
y el signo imperecedero de la cruz.

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