martes, 4 de octubre de 2016

MUTACIÓN

INEFABLE parte 1

Puedo comunicarme con mi piel muerta,
el destino siempre es impredecible,
en un giro favorable o fatal.

En tanto los días sean distintos,
consagrándose tan extraños,
se despiden ambos ojos,
después de largas horas de asueto.

Y quizá perdí el suelo,
recordando mis teorías fallidas,
regresando a la placenta,
en un cremoso destello de sol,
donde las voces son 
una explosión.

Construyéndose en medio de la noche,
el amanecer es una mutación,
cuando sus peldaños se elevan,
cruza el tiempo tan rápido,
olvidando y durmiendo,
quizá encuentre la respuesta.

Avanzando las acciones,
si mis parpados significan ceguera,
miseria que posee un cuerpo,
sobre el mantel, 
sobre el alma,
es necesario cambiar, 
cambiar de vida,
no regresar por el mismo camino,
no enmendar los pasos que ya son idos,
nadie podría saber,
nadie se adelantará al desastre,
a punto de arrojar todo por la ventana...

y es todo lo que necesito.

Se me empaña la vista,
como un milagro que 
se vuelve tragedia, 
como toneladas de lujuria
en momentos de hastío,
arrancándome la piel que suplica 
no caer en el olvido.

Es la vergüenza una broma existencial,
vórtice por donde los años escapan,
y por más que mi garganta grite,
no hay salvación.

Reconozco el sufrimiento
como propiedad,
donde yace afuera,
el tumulto y la tempestad,
afuera en la ventana,
siempre la misma.

Y presume sus ansías,
este ego destructor,
y he notado,
cambiar es necesario,
pero combatir la debilidad es difícil,
he de arrancarme la piel,
romper un mundo,
con otro.

Así como renace la fragancia
en todas las flores,
mi rostro es nuevo,
mis manos son de lagarto,
mis alas de murciélago,
mis acentos, pusilánimes, 
porque he suprimido de mis 
sueños el peor de mis defectos,
denunciando el cambio auténtico,
porque la imperfección dice:
20:16
el momento exacto para soltarme y vivir.

Quizá sea la edad, 
etapa de noche y día,
vivir para morir,
resurgiendo a plenitud,
exaltando los años,
animados por el movimiento,
moverse es cambiar,
en todas las formas posibles,
antes de partir,
mientras la piel,
narra su historia.

Quizá es demasiado pronto para saber,
para descubrir,
lo que significan los deseos,
constelaciones que se quedan
tatuadas en el rostro,
mi nueva piel,
el ruido detrás de la puerta,
un momento calmado
para morir.

Las piezas están sueltas
y todo fin resulta un principio,
en este corazón será lo principal,
abandonando la piel que parecía eterna,
queda demasiado por hacer,
en la orilla del mundo, 
en el centro del universo.



Ilustración: Remedios Varo

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