Hoy,
el mejor día de todos para enloquecer,
el mejor día para perder la voz,
volviéndose el asesino perfecto,
uno con el orden del universo,
si lo hay o no,
importa tanto como morir a cualquier hora,
distorsionando la filosofía,
volviéndose un trago amargo la vida.
Medianoche,
conquistando el brillo de las estrellas,
sumergido bajo un mar,
conspirando para respirar,
la vida se trata de otro juego,
no puedes perder.
Amanece,
un sol rojo estalla tras las cortinas
opacas por el polvo, estrago de mis lágrimas
despierta un mundo enloquecido donde resuenan las sirenas
la urgencia hablando de sí misma
inhalando un estribillo decapitado
es tal su ansia por matar, matar este día
cuando todas las motivaciones se calcinan.
Atardecer,
efeméride de los años sometidos a la enfermedad,
lastimoso reflejo de motivaciones,
pasando del festejo desdeñoso al olvido nostálgico,
los demonios suelen presentar distintos números,
de tamaño variado, como criaturas que recurren a engaños,
afuera en las calles,
afuera de tu cerebro,
afuera de mis alegrías,
afuera de mis manos,
en tanto el mundo se transforme en un sustento llano,
pasan las horas conformando los años de fallecimiento,
contemplando la velocidad de esta vida,
asesina y privada de emociones,
hace frío entonces,
tanto como para mejorar de actitud,
tanto como para nunca jamás regresar,
Hoy.
El día perfecto para encloquecer,
olvidando quién eres,
hoy como el primer y último día de tu vida,
hoy imaginando miles de pordioseros con tu rostro,
hoy el día más extraño,
hoy mientras todas las palabras se consumen,
hoy como una pieza diminuta de una maquinaria superior,
hoy como el último reflejo de cordura antes de ser destruida,
hoy todos los sueños se realizan en un mundo mejor.

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