jueves, 5 de julio de 2018

SANGRE EN EL CASTILLO DEL REY


Hube soñado con las sombras,
a plena luz del día, perdido en cualquier lugar,
como parte de tremebunda alucinación,
hube visto las sombras a través de mis parpados,
frente a la luz que cegó mis emociones,
fue pavor repentino,
fue de mi mente abstracción,
durante las largas noches,
durante los agotadores días,
sus horas volcándose como enemigos fieros,
realizando un asombro instantáneo,
atrapado en el calabozo animado,
apenas ilustrado con tonos opacos,
cerrándose las puertas,
por encima,
las siluetas decían cosas.

He traicionado mis propias decisiones,
con acciones de deshonra,
con esta culpa a cuestas,
como una losa de mármol,
como la consciencia que pesa sobre los hombros,
rompiéndolos como un frágil cristal empañado,
así he traicionado mi esperanza de los días
que aún faltan por llegar,
escogiendo puertas falsas,
omitiendo los nombres verdaderos,
mostrando bajo mis parpados ciegos,
la misma incansable visión,
mi cuerpo cadavérico,
bajo el influjo del veneno,
cercenado por completo por el filo del hacha,
gimoteando por este tormento físico,
en tanto mis lágrimas no temen derramarse,
es pesadilla transmutada es carne,
carne que invade el color de las paredes con mi sangre.

¿Qué significado trae la sensación?

Temor ante la vida,
una mala emoción,
transgrediendo los límites de la verdad,
mía y de nadie más,
un portento que sea permanente,
no mera ilusión que me proteja un instante,
mi pasión no puede ser somera,
mi vida no puede ser un suspiro,
cuando la noche llegue y rompa con mi esperanza,
vertiendo un futuro imposible a pesar del esfuerzo,
cayendo una y otra vez en la trampa,
el destello que carboniza los huesos,
un despojo que fuese piel,
los retoños fascinados con la provocación,
saliendo de mi cuerpo,
minutos y atrocidades,
derramándose por todo el suelo,
un sendero de roca que enaltece.

Mi pavor.

Mi sugestión.

Mi reino.

Mi vacío.


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