Qué fue de tus mañanas de sol,
el instante de pureza
cuando naciste,
torciendo tus labios frente al agua,
espejo húmedo que ondula,
dónde están los sentimientos,
ocultos en aquel claro
inhóspito de tu alma.
Ay, de todos los recuerdos,
que se quiebran con la imagen
de tu cara tras ocultarse el sol,
hoy, las sombras hablan
y provocan el olvido,
con el sabor amargo
de sus intenciones,
transformando la carne,
en tristeza carente de color,
de textura, de belleza.
Nos dimos un beso en el agua,
yendo a la deriva,
en un eco de nuestra voz perdida,
bajo el azul de las burbujas,
frágil iris de la luna.
Qué fue de la inocencia que latía
en tu corazón,
condenada a desaparecer,
misma cuando el sol
abandonó su altura,
y una sombra
moldeó tu sonrisa,
la señal del vacío,
donde nada existe,
nada es real,
salvo la noche
y su aroma.
Nos dimos un beso en el agua,
dejando inmediatamente de existir,
descubriendo nuestra calavera,
cómplices de la carroña,
dejándonos atrás
y también nuestras promesas.

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