ahí van los caballos
surcando el viento de la mañana
vestidos con su pálido color
aquí está
este vacío en mis manos
un dolor punzante
en el pecho, en mis sueños
pálido resplandor en mis ojos
deseo regresar
a mi pasado de calor
donde los días eran largos
deseo dejar de vivir
este presente pálido
tan ajeno soy
a todo lo que está pasando
ahí van los caballos
montados por fantasmas
regresando de una cavidad
ocultos por el cobijo de la noche
manta opiácea, ceniza
pálidos como perlas
sometidas a la oscuridad
del agua profunda
y ahora son frías
mis lágrimas sin color
ahogándose en mi piel
mientras escribo mis penas
tamaño del vacío
los pasos que tengo que dar
al más allá
pálido mi cuerpo
nada tengo por hacer
ahí van los caballos
ellos no esperan por mi
jamás...
la luz es clara en mis ojos
el sonido se duerme
en mis labios.
Ilustración: "Hipódromo" por Albert Pinkham Ryder

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