De pie, esperando por lo que pedí,
un montón de sufrimiento para llevar,
cercano a ser un parásito sin dientes,
sorbiendo de la sangre que
siempre se esparce en el suelo.
Y pienso en lo más grande,
un ente absoluto,
maravilloso, florando en el espacio,
sin mirar atrás y sin miedo,
devorando el deseo de otros,
sueños que se pierden,
a punto de llorar
sobre los cadáveres.
Levanta la mano,
terminará muy pronto,
frito y grasiento,
respirando azúcar,
símbolo sagrado
de la era que se termina,
ocaso de un milenio,
aun sin abrir.
De pie, formado,
infesta el aire su aroma a muerto,
la carne que tuvo voz,
lanzada sin temor al fuego,
bebiendo agua cruda,
y resulta la imagen de
una moneda sin cara,
cayendo con la gravedad,
cayendo directo en las sienes.
Ilustración: Nicola Samori
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