Atado a las emociones
y de las manos,
un círculo perfecto,
comienza nuestra oración,
flores en tu boca,
todo lo que queremos,
es una respuesta tibia,
de nuestra propia voz.
Viene otra oración,
un momento de claridad,
uno, todavía en el vientre,
recuerdos de la vida que fue,
sin destino, sin atracción,
recuerdos de una
juventud salvaje.
Qué vimos con los párpados echados,
a nosotros,
racimo de tiranía,
brotando de la tierra pálida,
somos un sueño testigo
de la inmensa tortura,
vemos lo que asoma,
alguna promesa,
en estos días de luz y sombra.
Por favor,
sacude mis temores,
es tarde para arrepentirse,
para retomar nuestros nombres,
el fuego llora en silencio,
en nuestro pecho,
el círculo se rompe.
Atados,
a la deriva,
noches calurosas,
perdimos la voz,
la oscuridad es grande,
encadenados a las palabras,
nació con pánico la belleza,
acompañando los versos
que son mentira.
Cae la carne en los pétalos,
desde el cielo
a tu ala cristalina,
membrana de tus labios,
de tu eco,
fraguando lo ganado
y mi derrota,
el desahucio,
tu olvido.

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