Oh, placer que te pierdes ardiendo tras la cortina de espesa niebla,
el color pálido de la luna es testigo,
silencioso como un trueno al cuarto de hora,
sostén el palacio donde los colores repercuten como centellas,
la fiesta donde escapa el alma en su transparencia
arraigada en protección de cómoda y cálida piel,
húmedo es el desierto y tan seco el océano en mi lengua,
proporcionándole una corona de clavos a mi cabeza,
fantasía que rápida ahoga el fervor,
un momento donde se mencione la experiencia,
son labios enrojecidos de tacones altos,
gemidos y besos volviéndose fríos y como la muerte,
cercana y suave como una caricia cariñosa,
donde el sol brilla y ríe, y ríe y llueve cuando llora,
es momento de recibir lo que mereces,
más de lo que podrías en la mejor y más
llamativa pesadilla, un tormento, un instante,
dignidad al permanecer incrustado entre arrumacos,
y se esconden por la vergüenza de su carente forma,
aquí, en la máquina de sueños color carne,
jugosa a placer y extendiéndose una eternidad
soporífera, humillante,
realidad que se delata en reversa,
fantasma con luces en sus costados,
su carcajada nunca se calla,
ahora, despierta, ahora y nunca.

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