Encuéntrame distraído,
sosteniendo infinitas motas de polvo,
sean el sonido de tu voz,
un secreto recóndito
que sólo yo pueda percibir.
Todo lo que deseé,
andar en círculos en una
habitación a oscuras,
con los parpados cerrados,
paciencia quemándose
en un extremo,
siguiendo lo último
de tu voz,
un eco sin miedo.
Habré encontrado un retrato,
tuyo, detenido con un clavo
en mi memoria,
dime, cuál debería ser mi
siguiente pecado,
besar un fuego en los labios,
distraerme con cualquier rostro,
que aparezca en mis sueños,
eres tú,
un voraz fantasma.
Préstame tu mano eternamente,
mi condena,
mi enajenación,
succionando la mugre bajo
tus uñas, perdonando mis temores,
golpeando mis mejillas,
con la palma de hierro
de tus intenciones benignas.
No sé quién habría de ser,
hoy y por el resto de lo dure el día,
con las cortinas caídas,
con el suelo percudido en mi andar,
trasnochado en medio de la nada,
resuelto a consumir el aire,
a encontrar un espejo
donde pueda verte.
Y espero encontrar tu nombre,
entre la sangre de cada ampolla,
ruego sin hacerlo,
el dolor tras cada paso,
en manos del destino sin serlo,
recordando por dónde llegué,
por qué la vida torna enfermedad,
eres mi respuesta,
la promesa.
y nosotros nunca moriremos.
Empujaré tus dedos
contra mis ojos...
y nunca moriremos.
.jpg)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario