I.
Ay, de milagros y vergüenzas,
hostigando todo lo que pienso,
a minutos de tomar la maleta,
vacía como las manos y estómagos,
de los desvalidos en el mundo,
sálvame de morir antes de envejecer,
a tus 21 años,
dónde quedaron las promesas
de un mañana mejor.
En una ciudad donde todos parecen
condenados a la misma agonía,
moriremos con una bala
en medio de la cabeza,
e importarnos no debería,
mañana los segundos
más rápido arderán,
crimen, drogadicción y locura,
lema de un mañana peor.
Dime si seguiremos la agenda
de los monstruos idiotas,
cegados por la apatía,
retenidos en cajas de concreto,
porque morir es morir,
clavados en una cruz o
bajo las ruedas del metrobús,
resulta mejor nunca existir,
guardando en la oscuridad y el silencio,
un millón de mentiras bajo el brazo.
II.
Detén tu guerra,
el mundo no sabrá lo que sucedió,
arriesgaste tu cabeza,
por aquellos que jamás despertaron,
son los números sin huecos,
escapando por tu bolsillo,
somos el agua corriendo entre los dedos,
el tiempo cuyo nombre no conocemos,
el caos de nuestra historia,
escrita con sangre y blasfemia.
Incendiemos nuestro cabello,
con colores que irradien fulgores,
minutos, horas, días, semanas,
sólo tú conoces la verdad,
dame pizca de inspiración,
antes que carbonicen tu nombre,
mañana habrán olvidado
todo lo que dije, lo que supe
y jamás hice.
Conoces las implicaciones del filo,
aguja espacial y saliva secular,
iniciando una revolución sin gritar,
porque los sueños son eso,
encontrándome un espejo,
negro, roto, la mentira de un soldado,
mi razón para existir.
III.
Tenemos los minutos contados,
resbalándose al fondo de la hoguera,
aun cuando la fama ataca
con promesas de dinero y exceso,
cuál es el sentido de morir joven,
a punto de estallar,
a punto de cantar,
es la eterna fecundación
de los ritos actuales.
Somos la garganta sin voz,
la razón desconocida,
niebla y polvo en la memoria,
llora, llora, ahora que puedes,
mañana impondrán los impuestos,
por respirar, por andar libres,
por vivir así nada más,
qué es el futuro sin ti,
cuál es la verdad que resuena,
quedando hueca en nuestros oídos
y sangrando por cada poro,
una eternidad.
¡Explota!
Delante de nosotros,
escupe a nuestras caras,
mientras las llamas salpican
nuestra ropa,
hoy, la vida es prodigiosa,
un sol enorme y fugaz,
mil sueños que no se vuelven realidad,
perdimos la guerra,
pero sólo tú volverás a nacer,
liderando una horda de ángeles,
peleando contra los demonios,
moscas que no vemos,
en tanto nuestras fotos se calcinan,
allá, donde incluso arde
siempre la memoria.
IV.
Quiero todos sepan,
cuántas balas sucedieron aquí,
en esta ciudad sin nombre,
cuántas historias contamos
a salud de la noche y el silencio,
quiero sin temor,
lo que jamás obtendré,
un pedazo del éter,
muy en lo alto,
mientras la poesía exista,
mientras la música gire alrededor del mundo,
mientras haya esperanza,
y el arrepentimiento se cocine lento.
Los años nunca fueron amables,
sucediendo sin consideración,
la nostalgia es la peor receta,
el asesino definitivo,
no creo volver a conocer,
a ese tú tan joven,
de manos vacías y días llanos,
colmados de tanto sol,
despreciando lo que fue
y el porqué nació,
no creo volver a ese momento,
hoy que todo es distinto,
y los monstruos ahora son reales,
incluso, gigantes.
Habla fuerte y con la verdad,
el sonido de tu nombre,
antes que amanezca por última vez,
en la cima de este mundo que ya no gira,
si acaso tampoco te importa,
tanto como a mi,
apuntando las deudas,
los cuerpos enterrados sin lápida,
desconocidos como nosotros
ante el escrutinio de la muchedumbre,
si no te importa,
tampoco a mi.
V.
Voy a disfrutarlo,
ir de aquí para allá como si fuese
adolescente de nuevo,
sin cansarme, sin preocuparme
un carajo si mañana sale el sol,
ahora que cumpliste 21,
es momento de partir,
disparar las municiones principales,
dejar atrás los pueblos,
las ciudades y emprender
una ruta que no conozcas,
y tampoco importará
porque la poesía que escribas,
dictada por la voz que sólo es tuya,
eternamente vivirá.
Es momento de abandonar las casas,
los parques mientras se queman,
tirar las torres de esta ciudad de los condenados,
satisfechos por tanto caminar a la deriva,
quiero sea el inicio,
el despertar de nuestras vidas,
de ahora en adelante y para siempre,
y repito con el fin de no desaparecer,
entre las sombras con las que nos acostamos,
soñando con un mañana mejor,
en el centro gris de esta ciudad
de puro pendejo condenado.
Vamos en línea recta,
a toda velocidad cortándonos las venas,
escribiendo con sudor y sangre,
vamos a lanzarnos por un precipicio,
abriendo el paquete para explotar
como lo hacen las estrellas,
cuando caen, cuando se extinguen,
y todo habrá terminado,
allá donde las calles no son firmes,
aquí, donde la memoria se apaga,
a tus 21,
a favor de mis pasos,
condenados a repetir todos los errores,
colapsando y curados por fin,
de todo mal,
de toda sobriedad,
de todo miedo.