Dicta para mi un día ocupado,
saltando de planeta en estrella,
en el borde de este espacio solitario,
actuando como un caparazón sin alma,
este cuerpo es alucinación,
su vida es tórrida fantasía.
Soñando con el futuro,
un instante suelto en la profundidad
del éter, tan lejano e inalcanzable,
aferrándome a los huesos,
cobijados en la piel desnuda de la mano,
descubriendo mi rostro
en la imagen sobre el espejo,
un fantasma sin voz,
un injerto estéril de imaginación.
Es un tema de sangre y vísceras,
intercambiando tejidos rosas
por materia fría y metálica,
construyéndose a partir de partículas moradas,
círculos perfectos que respiran en la negrura,
necesitas una respuesta,
un momento para reconocerte,
bajo el mar inclemente de relámpagos,
acuoso sin burbujas,
sin oportunidad de jalar aire.
Estás dentro y fuera,
esfera de luz de años contenida,
ciega en tu resplandor,
cálida en la eternidad,
evolucionando en mis palabras,
flotando fuera del mundo,
colosal, a su suerte en manos
de la gloria distante,
donde la luz intercepta
las moléculas que hilvanan la
gravedad.
Y sueña con tu venganza,
mi deseo no conoce final,
escribe los movimientos,
apuntando vertical,
a mi y el cosmos,
no es otra cosa que este cuerpo
que ya no conozco,
cabalgando fuerte,
siempre en contra del viento.
Ilustración: "El viejo guitarrista" por Pablo Piccaso

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