Si estás lágrimas son el ocaso
de un refugio sin nombre,
el miedo mismo,
su rostro es conocido tras las paredes,
susurrando con mi voz,
la misma pregunta y mil otras...
Este cielo gris e impenetrable
podría ser destino o coincidencia
lastimando a los ciegos en su corazón,
muros altos como las olas en el mar
yendo sin rumbo
con ambos pies amarrados...
Y temo por la destrucción
el fuego que todos llevamos en mente,
la muerte por venganza
lastimando cada poro en mi piel,
y hay poco por hacer
si la rueda gira en mi cuello.
Una vida silenciosa es mera pretensión,
aun cuando este mundo gira sin preguntar
si estás de acuerdo o necesitas algo más
desesperanzado con las manos rotas,
la pérdida cae en nuestros hombros
el momento cuando parece detenerse el tiempo...
Desaparece la justicia
un rasgo desconocido para cualquiera,
si la verdad es la última mentira
somos esclavos de nunca conocer nada
salvo el polvo en nuestros labios,
tela roja que lentamente se quema,
derrumbándonos sobre un campo de rosas negras...
Temo por lo que yace esperando tras la esquina
los destrozos concedidos en un deseo,
malsano como la sonrisa que pretende bondad
y si el tiempo lo permite,
el naufragio no será mortal,
ahora cuando miedo es verdad
y la cuerda espera sedienta
por un lugar.

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