Aquí estamos,
en apariencia listos para encarnar,
un debate eterno entre el bien y el mal,
por fama o dinero,
por condena o absolución.
Este mundo nos manda asesinar,
todo rastro de inocencia,
propia o ajena,
iniciando una guerra descomunal,
para odiar aun más al prójimo
o sacrificar lo más sagrado a costa
de un fuego colosal.
Este mundo es el altar,
donde arrebatamos la sangre de la vida,
ilusos por soñar con futuros días,
mientras el enemigo dispuesto a vender tu alma,
tu nombre y el de quienes amas en su librería,
huyendo hacia un planeta en otra galaxia,
uno que dejó hace tiempo de existir.
Ah, torcido y loco mundo,
arrastrándose como una serpiente sin final,
espiral pernicioso de emociones sublimes,
cuánta diversión malsana escondes bajo tu panza,
la pira donde la juventud quema sus cabezas,
la intención final de esta ponzoñosa verdad.
Esta noche las bestias andan sueltas,
no hay más humanos,
no hay más oxigeno por respirar,
ni comida por tocar,
es la noche,
ideal para viajar,
incendiándonos los ojos,
muertos mirando a la nada
en este mugriento ritual.

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